domingo, 8 de septiembre de 2013

Mi abuela


Mi abuela es una mujer de 82 años, viuda, y con varios problemas de salud. No respira bien por varias bronquitis mal curadas, padece del corazón, y es diabética. Todo ello sumado a la tristeza que le causó la muerte de mi abuelo hace 3 años, el cansancio de una vida llena de penurias, y la frustración de ver una familia dividida.

Este año, al volver a casa, me planteé cuidar más de mis relaciones con los amigos y la familia. En cierto modo he fracasado, pero me siento orgulloso que ese no sea el caso con mi abuela. Nos hemos unido mucho a lo largo de estos meses.

La visito, mínimo, una vez a la semana. Normalmente los sábados a la hora de comer, y ya me quedo hasta la tarde-noche cuando quedo para salir de fiesta. Le gusta mucho cocinar, pero sobretodo, verme comer. Ella siempre fue de comer mucho, lo que le ha perjudicado la diabetes y la obesidad, y ahora que trata de cuidarse algo más, descarga sus deseos conmigo.

Entre comida y visitas hablamos de muchas cosas. Especialmente cuando echamos la partida de dominó o de cartas a media tarde. A diferencia de otros chic@s de mi edad que se aburren escuchando las "batallitas" de sus mayores, confieso que a mi me causa mucha curiosidad cuales son mis orígenes y el modo de vida que tuvieron mis familiares. En parte se debe a la mística que creo, por la cual la atmósfera familiar en la que nos criamos condiciona parte de nuestras limitaciones y complejos.

Este pasado viernes fui a visitarla para despedirme de ella antes de marcharme a Portugal. Hemos tenido muchas conversaciones sobre su infancia en Valladolid y posterior llegada a Madrid, pero reconozco que hasta ese día no reconocí como mío, ese pasado oscuro y frío que vivieron nuestros padres y abuelos. Cómo han cambiado las cosas!!

Pensar que mi abuelo con 7 años se quedó huérfano y tuvo que mendigar por las calles de Madrid pidiendo comida. Que a los doce consiguiera un trabajo para cocer ladrillos en la chimenea del barrio de San Cristobal. Que mi abuela tuviese que dejar su trabajo de criada al casarse con mi abuelo porque la ley así lo mandaba. Que el sueldo de mi abuelo por aquel entonces rondaba los 2€ por semana, y no les daba para alimentarse... Que ni tan siquiera tuvieran agua potable, o simplemente salieran todos los días a por leña o carbón para poder cocinar....

Parecen escenas de otros países a los que llamamos subdesarrollados desde nuestras cómodas circunstancias actuales. Hace tan solo dos generaciones no estábamos mejor que ellos.

Siento tristeza cuando escucho a mi abuela decir "la vida es una mierda". Siento tristeza y al mismo tiempo no puedo protestar teniendo en cuenta que toda su vida fue trabajo y sacrificio por el marido, las hijas, la cuñada, los padres, los nietos... Toda su vida fue oír, ver y callar, y encima ahora se encuentra sola, enferma, y sin atención ninguna. Creyó que el sacrificio por los demás la depararía en algún momento felicidad o reconocimiento, y nada. Nunca se preocupó de disfrutar, de aprovechar las oportunidades que la vida ofrece para ser feliz en un momento puntual, o simplemente de ponerse en su sitio y demandar algo para ella. Y claro, ahora se a cuenta que la vida pasaba mientras tanto.

Me jode que ahora no entienda cuando le digo "abuela, me marcho al campo, a Portugal, no por dinero ni por nadie, sino por mí mismo, por pasión y ganas de soñar", me mira cual hippie ignorante. ¿Pero qué puedo decirla? ella nunca hizo caso a esa voz que llamamos intuición, y ahora piensa que es una locura escucharla.

Gracias a mi abuela tengo claro que de trabajar y dar a los demás, sin olvidarme que mi vida sigue corriendo. Que he de escuchar a los demás con la misma dedicación que escucho a mi interior.

Te echaré de menos abuela, un beso fuerte.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Bora rapaz


Cuando era pequeño, ver el fin de agosto era dar por finalizado el verano. Aunque en septiembre aún hacía algo de calor, y hasta mediados no cierran las piscinas, ya se notaba el olor de "la vuelta al cole", las clases de taekwondo, las lecciones de música, el uniforme bien planchado... Se terminaba así el período más divertido, donde la despreocupación, el deporte en la calle, y el parque por la noche, habían reinado los momentos.

A pesar de que todo cambiaba a medida que crecía, prácticamente puedo decir que he seguido con esas sensaciones hasta ahora. Cada verano ya sabía lo que me esperaba: volver al colegio, al instituto, a la universidad...

Este año definitivamente no será así. Ya no habrá más clases que recibir ni exámenes que aprobar.

Termino la carrera esta jueves cuando entregue la memoria del Proyecto Final, y la semana que viene lo presente ante el jurado. Al fin libre... y en cierta medida, vacío.

Gran parte del año, por no decir en su totalidad, me lo he pasado preocupándome por la llegada de este momento. "¿Y qué voy hacer cuando termine de estudiar?" especialmente ahora que nadie te contrata en lo que quieres si no tienes experiencia laboral, y las matrículas para masters y otras especializaciones están más caras que nunca.

Miraba que opciones tenía aquí, cuáles podía tener allá, y nada me convencía.

Hace un mes se me presentó la oportunidad de volver a soñar. Y tan solo hace una semana se confirmó: vuelvo a emigrar al extranjero, esta vez para trabajar en una pequeña granja.

Algunos amigos y familiares me miran extrañados, preguntándose cómo un licenciado decide de repente marcharse a trabajar al campo (ni qué ser un licenciado significase algo importante hoy día!). Otros sin embargo ya me van conociendo y entienden perfectamente mi decisión. Estos últimos me han llegado a decir "Te pega mucho" o "Ya esperaba que tomases ese camino".
Al contrario que muchos jóvenes que se ven obligados a salir de su casa, y marchan con pena y dolor, yo reconozco que no es mi caso. Si bien es cierto, he buscado sin parar trabajo y becas de estudio para poder quedarme, me voy por decisión propia y con mucha alegría.

Pensar que en unas semanas podré de nuevo estar inmerso en una aventura, que voy a trabajar y vivir en medio de la naturaleza, hacen que mis recuerdos de mochilero saboreando el viento, las puestas de sol, y los baños en el río no queden tan lejos. Tengo la certeza que voy a volver a vivir después de un año arrastrado por la corriente estéril de la ciudad.

No tendré lujos ni comodidades. Mi única responsabilidad será la trabajar a cambio de comida y techo, y aprender todo lo que pueda. La propietaria de la granja parece alguien con pocos recursos pero muy apasionada con lo qué hace. Esas personas que contagian sus ganas de dar lo mejor de ti cada día. Todavía no la conozco en persona, pero desde el primer momento que entre en contacto con ella sentí una profunda sensación. Cosa de la intuición, lo llaman. A ver qué tal.

Como digo, ya está confirmado mi marcha para dentro de dos semanas. Tal vez las cosas no salgan como esperaba, pero me siento feliz de tomar de nuevo las riendas de mi vida.

En Madrid, a pesar del aprecio que le tengo, reconozco no haber encajado tras mi vuelta a casa. No he tenido el trato que esperaba por parte de mis amigos, no he sido capaz de compaginar bien el trabajo con los estudios, e incluso he vivido situaciones muy difíciles a nivel familiar. Todo eso casi acaba conmigo. Me iré, no con la sensación de huir de esos problemas, sino con la seguridad de abandonar aquello que no me permitía continuar creciendo.

Me iré con la sensación de que una tremenda experiencia me aguarda en Portugal :)




lunes, 19 de agosto de 2013

Balance de las vacaciones

Últimos días de vacaciones. Cuando la semana que viene regrese a Madrid, y me ponga de nuevo a currar en la redacción de mi Proyecto Fin de Carrera, y a continuación, en la presentación para el jurado, sé que recordaré dulcemente estas tres semanas de vacaciones.

Tres semanas que me han servido para reconciliarme con mi familia. Para dar un golpe de humildad sobre la mesa, y decirme a mí mismo y a los demás, por lo que estoy dispuesto a luchar. Lo que estoy dispuesto a dejar atrás con tal de ganar la partida al resentimiento. Fue muy duro, pero pienso que ha valido la pena librar la batalla del rencor, para aprender lo que de verdad importa. El amor.

Puede sonar algo hippie esto del amor y la reconciliación, pero es indudable la paz que uno alcanza cuando puede volver a confiar en alguien que siempre estuvo ahí, y que por culpa de un conflicto, te hizo sentir al borde del abismo. En este caso, el borde del abismo fue algo literal. Lo pasé muy mal durante los últimos meses, hasta el punto de querer tirar la toalla. Y cuanto me alegro de no haberlo hecho. Ahora me siento como Bob Marley en Is this love?

Lo que no sé es cuanto tiempo podré mantener este “bom feeling”. A pesar de las cosas buenas que me han pasado estas tres semanas en casa de mis padres, esa paz que he logrado al bajar con ellos a la playa, dormir la siesta después de comer, leer todos juntos en el salón por las tardes, o salir a cenar un bocata de calamares por el Paseo de Las Canteras... también me he dado cuenta de lo gruñón e intransigente que me he vuelto. O tal vez siempre fui así, pero nunca dejé que se viera.

Me cabreo en seguida cuando las cosas no ocurren como quiero que ocurran. Cuando me fallan, rompen un compromiso conmigo, o no se comportan de la manera (que pienso) adecuada. Peor sí todo eso lo hago yo mismo. Esto último, es la peor de la traición que me puede ocurrir: la propia.

Me entra una rabia descomunal cuando veo a mi padre hablar mal de los gitanos, a Paco Marhuenda defender al PP, a mi abuela negando que mi dieta vegetariana sea completa, a mis amigos faltarse el respeto o no estar cuando se necesitan... son cosas que me sacan de quicio, y no lo puedo controlar.

Y aunque 8 no son 80, y hay conductas que no he de aceptar ni de unos ni de otros, y es lógico que me sienta dolido o desanimado cuando sucede, cada vez me doy más cuenta de lo poco que me sirve esa rabia que me entra y dejo que se descontrole. Creo que ya he escrito alguna vez sobre ello.

Quisiera que no me afectase tanto lo que ocurre alrededor. Tal vez dando menos de mí, consiga que las heridas que me produce la vida no sean tan frecuentes. Para no sentirme dolido con mis amigos y las personas que me rodean, muchas veces pienso irme lejos, evitando que me defrauden sus acciones, no escuchando más sus opiniones para no tener que juzgarlas o reconocer los prejuicios que los influyen... Pero al final, imagino que no hay escapatoria.

Tal vez sea una tarea que me toca aprender en esta vida: transigir ante las acciones y opiniones de los demás. No aceptarlas como propias, discutirlas y cuestionarlas, pero ser capaz de convivir con tales diferencias.

Me encantaría ser uno de esos monjes budistas, que siempre parecen tan tranquilos y centrados, que no pierden la concentración ni la calma cuando se dedican a hacer algo o hablar de algo. No participan del juego que se realiza en nuestro lado de la pista. Son felices a su lado de la red, devolviendo la pelota y disfrutando del partido. Muy a lo Rafa Nadal.

Me pregunto como hacen para seguir tranquilos y felices con tanto dolor, odio y rencor a su alrededor. Puede que una de sus técnicas para no sufrir e ir dando ostias a todo el que se le cruza sea fijarse en la otra cara de la moneda. Las cosas positivas que suceden cada día. A mí al menos me funciona. Sin embargo, creo que he de hacer algo más. Ellos con total seguridad no solo se fijan en las cosas buenas, para no ver las cosas malas.

Tengo que ser capaz de ver la cara oscura, mi cara oscura, y no alimentarla con más oscuridad.

martes, 6 de agosto de 2013

Ahora soy racista

Hace un mes, tuve una discusión por facebook con una chica nigeriana que me acusaba de racista, entre otras cosas. En resumen: el post lo había compartido una activista feminista nigeriana, Spectra Speaks, que escribe mucho sobre temas sociales, muy relacionados con la igualdad entre blancos y negros, hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales... como os podéis imaginar, muchas veces se identifica a uno como el enemigo del otro. Tiene multitud de seguidores, y eso fue uno de los motivos que me llevo a reaccionar y criticar el texto que compartió.

La autora del escrito es su colega nigeriana, Zara Chiron, y habla de España como un país racista. El título: Racism in Spain, se basa en su experiencia personal de tan solo dos meses en el país. No da argumentos en base a la legislación presente, o de noticias de actos/grupos racistas (lo cuál pienso sí refleja el racismo de un país) sino que define su imagen de nosotros a través de frases que ha oído y experiencias personales. De tal modo, afirma cosas como:

...the racism in Spain is a whole other bout of racism that I have never seen before.”
But sadly, I must say that the reputation the country has is not so far from the truth.”
The racism in Spain is embedded within the culture.”
I can safely say that majority of the Spanish – however educated or not, are extremely ignorant, have awful prejudices due to their ignorance and thus, are consequently racist in one form or other.”

Obviamente, leer esas cosas me dolió. Ok, es su opinión y he de respetarla, diréis, pero no creo que me tenga que comportar así cuando comienza a publicarse en webs ajenas a la autora, asumiendo que aquello es una información veraz. No niego que el racismo en España exista, (por supuesto que existe!), pero no creo que la ciudadanía seamos en su mayoría racistas, y mucho menos, que sea inherente a nuestra cultura hasta el punto de afirmar que incluso los españoles educados, son extremadamente ignorantes y racistas.

Mi primer comentario fue un sarcasmo comentando que tras discutirlo “con mi novia (negra)” (no era verdad que en ese momento saliese con ninguna chica negra, pero sí que hacía 3 meses que me había separado de ella) teníamos que felicitarla, pues hasta ahora no conocíamos a nadie, ni siquiera antropólogos o sociólogos reputados, que con tan solo dos meses en un país ya pudieran concluir cual era el perfil de su población.

A continuación la autora, Zara Chiron, me soltó un parrafazo asumiendo que yo era otro español racista más, que no asumía los defectos de su sociedad, y le molestaba que gente valiente como ella dijera la verdad. Ja, y ja. Más tarde, Spectra Speaks, quien había compartido el texto en su muro, otorgándole muchísima audiencia, me llamaba la atención por el sentido sarcástico de mi crítica.

Pedí perdón por el sarcasmo, pero seguí comentando y reclamando la falsedad y sesgo del texto. Zara Chiron siguió acusándome de racista (y luego de machista, cínico, hipócrita... casi podía notar sus gritos en mi cara) y Spectra Speaks, me explicaba que era la opinión de una persona en particular y debía respetarla. A lo que respondí, que una cosa es opinar con tus amigos o en tu web, y otra publicar la información parcial que da otra persona sobre una sociedad. Eso es un acto claro de irresponsabilidad, de la que tantos africanos se quejan cuando se habla de su continente.

Al final, me tocó darme por vencido. No podía hacer nada por cambiar las impresiones de quien leyese aquel texto (maldito ego mío!). Eso era cosa suya.

Me sorprendió muchísimo, el tremendo dolor que me produjo ver aquel acto de victimismo que ejercen muchos, ya sean a favor de los negros, mujeres, clase obrera, capital... Todos quieren que prevalezca la imagen de agresor y agredido para ganar su batalla dialéctica, sin importarles para nada lo mucho que perdemos en esas batallas. Todos reforzamos nuestro ego cuando de discutir se trata. Yo el primero, quien sentí un agujero en el pecho cuando Zara me dijo:

remember that slave owners often raped their female slaves.”

Aquel dolor era una muestra de lo vulnerable que soy cuando confundo las ideas con las personas. Cuando dejo que el ego me pase su dolor al ser desarmado ante la audiencia. Me preocupa mucho lo que piensen y quieran de mí. Me preocupa los juicios que harán sobre mí.


http://www.zarachiron.com/2013/07/racism-in-spain/

miércoles, 26 de junio de 2013

No os preocupéis, he sido feliz

Si mañana muero, no importa. Padres, no os vayáis a preocupar, pues he sido feliz.

He pasado una infancia muy bonita. Regordete, corriendo por los pasillos de la casa a gatas. Me cogíais de la cintura para sacarme la foto y yo peleaba a carcajadas por soltarme. Puedo sentir aquella alegría pasada en mi interior.

Me he criado en patios de colegio, en los parques del barrio y más tarde en las calles cercanas a mi casa. He jugado en todos esos lugares. He sido empujado a estudiar duro a pesar de mis problemas de atención, y conseguí llegar a estudiar lo que quería.

Si mañana muero, no importa. Amigos, no os vayáis a preocupar, pues he sido feliz.

He tenido la oportunidad de enamorarme, de tener buenos amigos y disfrutar como nunca de las noches madrileñas. He sentido los nervios a la hora de conocer gente nueva, me ha tocado ser valiente, y he sentido la humillación de la cobardía.

He sentido el placer del sexo. He vencido mis complejos, y he reconocido mis defectos. Me he sorprendido con muchas personas, y he aprendido a valorar la diferencia tanto como la igualdad.

He podido viajar. He podido aprender nuevos idiomas abriéndome la posibilidad de conocer gente de todo el mundo. He tenido la oportunidad de enfrentar mis miedos durante la soledad de mis días. He sido capaz de levantarme tras la caída, y de volver a sonreír cuando me han roto el corazón.

Si mañana muero, no importa. Abuela y hermana, no os vayáis a preocupar, pues he sido feliz.

He aprendido lo importante que es la familia, los amigos y tu hogar. Lo importante que son las distancias cortas, aquellos que siempre estuvieron contigo, y vivir con poco más de lo que necesitas. He aprendido a amar lo que me rodea.

He pasado por la enfermedad, pero siempre retorné con salud. He conocido mis limitaciones, y las necesidades de mi cuerpo. He reconocido la escucha que se merece, y me he disculpado por los abusos que cometí.

Si mañana muero, no importa. He sido feliz.

Si mañana no despierto, no importa. He sido afortunado por haber vivido la vida plenamente. Solo puedo estar agradecido a quienes compartieron conmigo el camino, y a mí mismo por el coraje de caminar.

Mi presente y mi futuro solo me alimentan de sueños, dejando en el pasado el amor de mis amigos y de mi familia, y dándome la sociedad la espalda.


Para vivir de sueños, mejor dormir.

jueves, 20 de junio de 2013

El futuro que duele ahora


Me cuesta ponerme a escribir. Me resulta difícil porque solo me apetece hablar de preocupaciones. Me molesta dar la imagen de chico triste y abatido como hago en la mayor parte de los textos. Porque no es real, y porque puedo estar retroalimentando esas preocupaciones diarias.

Pero a día de hoy, cierto es que vuelvo a estar con esa sensación de frustración y agobio sobre mi futuro. Sigo en un mar de dudas sobre qué hacer, qué buscar, o adonde dirigirme una vez me licencie en septiembre. La gente más conciliadora suele decirme "Tú tranquilo, si ahora no tienes la respuesta, espera que ya vendrá por sí sola". Ojalá fuera tan fácil esperar la respuesta a mis dudas!! como siga esperando, llega septiembre y me quedo con mi diploma y las manos en los bolsillos.
Ojalá no tuviera que perseguir esas respuestas, decidiendo ahora si quiero hacer un máster (las inscripciones y las solicitudes para las becas acaban en julio) o si quiero trabajar, y comenzar desde ya a mandar CVs. Tiempo es lo que menos tengo. Tengo que decidir ya sobre mi futuro, sin tener claro lo que quiero.

Lo que más me gustaría sería dejar por un tiempo de estudiar. Al menos dejar por un tiempo los conocimientos teóricos que tanto gustan impartir los profesores universitarios. Me gustaría trabajar, hacer cosas con las manos, utilizar lo que he aprendido estos años. Me gustaría aportar algo a la sociedad, devolverla parte de lo que ella me ha dado. Sin embargo, encontrar trabajo está difícil. Los jóvenes recién formados como yo, hoy día somos un problema :( En un país en recesión, donde se despide más de lo que se contrata, ¿quien va a querer emplear a un chico recién salido del aula, por muchos idiomas y conocimientos que tenga?. Me siento inútil y una carga económica para mi familia.

De ahí mi alternativa a seguir estudiando consiguiendo una beca. Pero aquí surge otro problema, ¿qué máster hacer? ¿conseguiría la beca? ¿estoy dispuesto a gastar otro año, o 2, estudiando algo sin tener claro que me vaya a servir para trabajar en el futuro o que simplemente pueda disfrutarlo durante ese tiempo?.

Repito, nado en un mar de dudas.

Solo hay dos cosas que persigo profesionalmente:

1-Actividades donde pueda trabajar con personas (docencia, salud...) y/o con el medio ambiente (agricultura, turismo sostenible, gestión de recursos y residuos...), viendo los efectos que acarrea mi actividad en la comunidad.

2-Actividades que pueda llevar a cabo en África.

Algunos me dicen que son cosas sacadas de los ensueños de un niño con pasión futbolera.... Que acepte la realidad y me contente con un trabajo precario en una oficina o tras un mostrador.
Los menos me dicen que no desista, que si realmente me apasionan esas áreas la vida me dará la oportunidad para meterme en ellas.

Aún soy joven, tengo mucha vida por delante (eso espero!) y no debería preocuparme por tantas cosas, pero reconozco que se me está haciendo duro estos últimos años con los problemas familiares, el distanciamiento con mis amigos, y ahora la falta de certezas profesionales. (Por no hablar de mis relaciones amorosas xD).



domingo, 9 de junio de 2013

Problemas familiares

Esta semana me han pasado muchas cosas, la más importante, la discusión sobre los problemas familiares que dividen a mi familia, a mis tíos maternos de mis padres, y por consiguiente, a mis primas de mi hermana y yo, por más de 25 años. Yo, que apenas tengo 23 años, he nacido envuelto en estas riñas, viendo silencios tensos y gestos feos que no entendía a que se debían, e identificando temas tabú imposibles de mencionar.

Hasta ahora conocía la versión de mis padres, y un poco, la opinión de mis abuelos (la parte más neutral y responsable de los problemas ocurridos). Siempre he querido conocer algo más sobre la esfera de problemas familiares que me rodean, especialmente cuando volví del extranjero y me propuse conocerme mejor, fortaleciendo mis relación con mi familia, mis amigos...

El martes fui a casa de mi prima, y tras dos horas hablando de sus problemas amorosos , salió un problema familiar: una discusión que tuvo con mi hermana hace un año y que impide vuelvan a verse. Normalmente cuando sale una cosa de estas, la persona que saca el tema mira a otro lado culpándose por haber sacado un tema tabú, y la otra persona cambia de conversación. En su lugar, yo no quise cambiar de tema y no la reproche que lo hubiera mencionado. Comencé a preguntarla qué pasó, según ella, y la expliqué cómo se sintió mi hermana. De ahí pasamos a otros problemas, llegando a hablar de los años que aún no habíamos nacido, y ya discutían nuestros padres. Aunque no estábamos de acuerdo en muchos aspectos (obviamente cada uno tiene su versión), me quedó buen sabor de boca, y pienso que a ella también, por el simple hecho de haber intercambiado impresiones dando espacio al "otro bando" a explicar su versión.

La cosa no quedó ahí. Ayer fui a ver a mi abuela, que vive a 3 minutos de mis tíos, y tras verla y contarle algo de lo sucedido con mi prima, pude ver su decepción y dolor con algunos de las opiniones de mi prima. La verdad es dura, pero es necesaria, y sobretodo, un derecho de todas las personas adultas.

Fuimos a casa de mis tíos, como hago casi siempre que visito a mi abuela. Ella "rezaba" para que no saliera el tema con ellos, mientras yo iba tranquilo pasase lo que pasase. Mi tío en el salón viendo la tele y nosotros, mi tía, mi abuela y yo, en la cocina hablando del tiempo, del trabajo... Cuando ya nos marchábamos mi abuela y yo, mi tía me agarró del brazo y me dijo "Antes de que os vayáis, me gustaría hablar contigo sobre lo que dijiste a tu prima el martes". Estaba nerviosa, al igual que mi abuela, se notaba lo incomodo que les resulta a todos hablar de estas cosas. Me senté y empezamos.

Quise darle toda la libertad para expresarse y pasé mucho rato callado, e incluso la pregunté sobre otras muchas cosas aprovechando que estaba dispuesta a hablarlas. No quiere decir que estuviera de acuerdo con todo lo que decía, especialmente cuando responsabilizaba a mi padre de interferir en cosas familiares, o a mi madre por dejarse llevar, pero mi silencio era importante para que se sintiera cómoda y no me escondiera nada. Llegó un punto, que mi tío vino a la cocina (yo sabía no iba a tardar mucho) y también se metió en la conversación. El ambiente se caldeó un poco, con mi tía elevando la voz, mi tío haciendo muchos aspavientos, y mi abuela con ganas de irse. Pero no decaí. Ni iba a darles la razón a mis tíos, ni iba a perder la oportunidad de conocer su versión de los hechos. Por muy duro que fuese.

No tengo ninguna esperanza en solucionar nada, pero confío que se valoré mi intención de conocer las dos caras de la moneda y mi voluntad por mantener hasta cierto punto los lazos familiares.

Cuando he vuelto a casa esta mañana, me ha llamado mi madre. Ya sabía lo ocurrido por mi abuela y estaba muy enfadada. Me ha dicho que la he decepcionado, no solo a ella, sino a mi padre y a mi hermana. Que solo me importa caer bien a los demás. Que no he sido capaz de defender a la familia ante los ataques de mis tíos y mis primas. Ni siquiera la he dado la oportunidad de defenderse por sí misma al no esperar que ella estuviera presente, según ella. La he respondido que mi intención era escuchar la otra versión, y para eso necesitaba que mis tíos se sintieran lo más libres posible a la hora de hablar. No me he puesto de su lado por el simple hecho de callar cuando hablaban, y que ella no necesitaba estar presente para defenderse pues yo ya conozco su versión y eso hubiera impedido que mis tíos se expresaran en su totalidad.


He levantado ampollas muy graves en tan solo una semana. Mi madre ha decidido no volver a pisar la casa de mis tíos, y me culpa a mí de su decisión. No quiero imaginar como se sentirá mi abuela al enterarse.

Todos han sufrido y continúan sufriendo. Todos culpan a los otros, y al mismo tiempo se ven culpados por los demás. Todos creen que el marido, la mujer, los hijos, los padres malmeten con la intención de influir negativamente en los demás. Y especialmente, todos ven amenazante que alguien ose levantar la mano y pregunte qué opina el "bando contrario". ¿Es un ataque a nosotros? ¿es un acercamiento a ellos?

Por mi parte, a pesar de las críticas recibidas por mis tíos y mis primas, y las recibidas hace unas horas por mi madre, no van a hacer que me sienta mal. Al menos, no del todo. Creo que he hecho lo correcto. No he querido ser protagonista, simplemente quise y quiero conocer qué comedia estoy representando. Comprender las decisiones de cada uno de los personajes, y conocer qué piensan los unos de los otros. Puede asustarles, porque saben que el de enfrente no hablará bien de uno mismo al que ha preguntado. Pero es algo que hay que asumir, y confiar en que nuestros actos sean más valiosos que las palabras que puedan describirnos.



domingo, 2 de junio de 2013

Bailarín de poca monta

Ayer fue una de esas noches que solo salía para beber una cerveza y volverme a casa pronto, pero acabé "dándolo todo" en una discoteca y acostándome a las 8h.

Como estaba con la rodilla mal (hace 3 días llevaba muletas) solo quería ver a mi amigo y tomar algo. Pero, después de varias cervezas, y con el calor que ya se respira por las calles de la capital, entramos a un local. Una vez dentro, sorpresa: la media de edad nos sacaba 10 años, lo que reducía nuestras posibilidades de ligar debido al MCF (Maldito Complejo Femenino). No sé si os suena. Es aquel que impide (dificulta mucho) a una chica liarse con un tío de menor edad. Menos mal que años de experiencia nocturna me han enseñado que a pesar del MCF, existen tácticas de ligoteo "infalibles", y que finalmente, cuando de sexo se trata, la carne llama a la carne.

Mi estrategia: bailar. Ahí no me gana nadie. Es algo que llevo dentro. Salsa, bachata, merengue, funkie, R&B, reggaeton, house, dubstep... lo que sea. Se me da bien mover el cuerpo. Desde pequeño veía a mi familia bailar, y aunque nunca di clases (a pesar de los esfuerzos de mi padre por inscribirme a una academia), enseguida aprendí los pasos básicos de muchos bailes y desenvuelvo los míos propios con fluidez. Disfruto muchísimo cuando puedo bailar al salir de marcha, y no es un secreto que a las mujeres les gustan los hombres que bailan.

Normalmente, si no es una sala de baile con gente "entrenada", suelo destacar. Atraigo miradas, y me hacen corros incluso. En ese momento, o antes si puedo, dejo de moverme: antes que bailarín, soy vergonzoso, y chulearme no es lo mío.

Ayer me puse a bailar y algunas chicas comenzaron a mirarme. Me agarro una, y a pesar de mi vergüenza inicial, al momento ya estaba dándola vueltas y pegándola a mis piernas. Le gustaba, a mi ella no, pero debió pensar que sí porque cuando acabó la canción y volví con mi amigo no dejó de mirarme descaradamente. Qué manía tienen algun@s, sobretodo los hombres, he de reconocerlo, de pensar que les gustas solo porque baile con ell@s una canción.
Se me acercaron algunas chicas más. Unas, de manera disimulada me empujaban con el culo o directamente se restregaban contra mi hombro y espalda, y otras simplemente, venían, me daban dos besos, me felicitaban por mi manera de bailar, y al rato se iban cortadas. Algunos chicos también se acercaron para decirme que les gustaba mi manera de bailar.

El caso es que la situación favorecía el ligoteo, no solo porque mi amigo es muy guapete, y yo bailo bien, sino porque la gente a medida que se hace más mayor, tiene más prisa por ligar. Pero en lugar de acercarme a alguna de estas chicas que miraban, me interesé justo por una japonesa (que luego resultó ser española) que no me hacía ni caso. Tras casi una hora, mirando y ganando valor para decirle algo, la llamo, la pregunto el nombre y después...me quedé callado. Totalmente bloqueado. No preguntéis por qué. Bailar se me da muy bien, pero entrarle a una chica ya es otro cantar. Así pasó casi un minuto moviendo los pies y la cabeza de manera tonta al ritmo de la música sin que dijera una palabra. Se me hizo eterno, y menos mal que ella me preguntó por mi colgar y pudimos iniciar conversación. A los 30 segundos, dijo que se iba a casa (fracaso) y cuando le pregunté por su teléfono, me contesta: "Mi teléfono no te lo doy. Pero si quieres te doy un chicle." Toma ya.

Después de eso, aún mantenía las miradas de un par de chicas, que a diferencia de otras más orgullosas, les daba igual que yo me hubiera acercado a otra. Nos entraron 3 de ellas,y no se me ocurre sacar otro tema que el de cómo hacer una buena felación y cunilingus. Mi amigo flipando, claro. Cómo no, se acabaron marchando, aunque creo que todos nos lo pasamos bien hablando de sexo.

A la salida, la chica que me había sacado a bailar al principio, me dijo que la ponía muy cachonda mi manera de moverme (sí sí, tal cuál). Flipé, y la dije que me pareció ver un anillo de casada en su dedo y de ahí mi indiferencia dentro del local. Me contestó que sí estaba comprometida pero eso no importaba, y que sí me gustaban sus medias se las dejaría puestas... Menuda fucker, pensé. Acepté la derrota con la japonesa, y vi en esta una buena (buenísima) oportunidad. Cuando la pedí el teléfono y me ofrecí acompañarla a casa, como por arte de magia, perdió el interés y se marchó con sus amigas. Olé ella! La típica tía microondas que calienta pero no cocina.


Ahora no puedo evitar pensar qué fue lo peor de la noche. Si elegir a una japonesa que no me hacía ni caso, rechazando a las que sí me miraban, lanzarme a la desesperada a alguien que solo quería calentar y quedar como una triunfadora con el aspirante a sus pies, o bailar toda la noche y tener la rodilla hinchadísima hoy.



martes, 28 de mayo de 2013

El minutero y las muletas

Tercer día en casa con muletas. Sin poder ir al trabajo ni a la universidad. Sentado todo el día, con la rodilla extendida esperando a que se cure por 3ª vez en los últimos 3 meses.

Solo en casa, sin ruido de nadie, veo las horas pasar. Literalmente. Fijo los ojos al reloj del salón, y con el libro que tanto me está costando leer sobre mis manos, pienso y repienso con la mirada perdida en el minutero.

Me pregunto cuando volveré a hacer deporte con normalidad. Recuerdo como antes practicaba todos los días, el tiempo que fuese, y luego no quedaban rastros de lesiones, sobrecargas o agujetas.

Me pregunto si me dará tiempo a terminar el Proyecto Fin de Carrera a tiempo para exponerlo en la convocatoria de septiembre.

Me pregunto qué habrán dicho de mí las dos compañeras quisquillosas que tengo en el trabajo, al ver que faltaba por segundo día consecutivo.

Me pregunto, especialmente hoy, por qué no consigo comunicarme con mi hermana, ni ayudarla. Por qué he dedicado dos horas esta mañana a escribirla una carta donde le cuento lo qué pienso de ella y lo ocurrido el fin de semana, cuando vivimos en la misma casa, y dormimos en habitaciones tan solo separadas por un tabique.

Me pregunto qué será de mí a nivel profesional, y sobretodo, a nivel personal.


Ni contento ni triste, hoy solo pienso. Pienso y expulso esas preguntas, cuál humo de tabaco, a un reloj indiferente a los acontecimientos que le cuento.

  

sábado, 25 de mayo de 2013

La senda natural

Me pregunto muchas veces el sentido de mi vida y lo que hago en ella. Me pregunto qué sentido tiene mi existencia, para qué estoy aquí, y por qué voy a trabajar en esto o en aquello. Cuál es el fin, o el baremo de criterios a elegir una cosa u otra... Vivo triste y frustrado.

Hace unos días terminé el libro de Masanobu Fukuoka "La senda natural del cultivo", tras haberme leído en verano su obra "La revolución de una brizna de paja". Ambos tratan métodos de agricultura sostenible y orgánica. Pero van más allá, pues no solo describe los métodos y las técnicas, sino que apoya tales decisiones con argumentos propios de la filosofía zen oriental y del conocimiento holístico, buscando la verdad a través de una mirada profunda.

Ayer por la noche, vi la película "The end of the line", crítica al modelo de pesca actual mayoritario que merma nuestros océanos y genera graves consecuencias medioambientales (pérdida de ecosistemas), sociales (migración) y económicas (desempleo). En el documental, además de expertos en biología marina, economistas, y sociólogos, salió un pescador artesanal de Bahamas. El chico no tendría más de 30 años, pero cuando hablaba, parecía tener 50. Era tranquilo, vestía holgado, con sus rastas recogidas en un turbante, y parecía feliz. Nada que ver con los tíos que veo en el cercanías de las 8h.

Tanto el agricultor japonés, como el pescador de Bahamas, basaban su vida en la integración con la Naturaleza. Masanobu consideraba que nada de lo que el hombre pudiera hacer podía igualarse con Ella, por tanto, solo nos queda vivir según sus designios y compartir nuestro espacio con el resto de seres. Para él, eso es lo más inteligente, pues siglos de evolución no pueden dar nada más sabio que lo hay a nuestro alrededor. Pensar, que nosotros, viajeros recién llegados a este mundo, podemos inventar algo o modificarlo produciendo beneficios grandes y rápidos, solo es muestra de nuestro ego, o nuestra ignorancia, pues no tenemos capacidad para igualar a la Naturaleza.

Siguiendo sus palabras, el hombre moderno trata de conocer el mundo a través de la discriminación. Categorizamos, seleccionamos, dividimos, diferenciamos... De este modo, si antes había 2 ramas del conocimiento, luego se dividieron en 4, más tarde a 8, posteriormente a 16... Cualquier estudiante sabe de lo que hablo. Hoy en día, hay especialistas para cada ámbito. Demasiadas cosas para conocerlas todas en su conjunto.

De este modo, remarca el escritor y agricultor japonés, la Naturaleza no discrimina, es inmensa. Por tanto, nosotros no deberíamos trabajar para explicar cómo es (es imposible debido a su inmensidad) o inventar nuevas cosas (imitaciones humana de lo que ya existe). "Pero ¿si ya está todo inventado? ¿qué tiene sentido?" Nuestra labor será la de formar parte de esa Naturaleza e integrarnos con los demás seres. Conectando con el mundo, conectaremos con nosotros mismos y desvelaremos los misterios de la vida.

No somos felices, no sabemos quienes somos y para qué estamos aquí, porque no formamos parte de ese todo. De la Naturaleza de la que nacimos. Andamos perdidos en nuestras ciudades de cemento y luces buscando nuestro lugar en el mundo a través del dinero, la fama, la comida, la juventud eterna... pero al poco, nos queda ese vacío insoportable que vuelve a azotarnos con soledad y dudas.


Siento que he de regresar al mundo real. A la Naturaleza. Y desde allí, trabajar por mi felicidad a través de la integración con el lugar que me rodea.


sábado, 18 de mayo de 2013

Calavera no llora


Ayer fui al concierto de Manu Chao en Rivas, y debo decir que fue increíble. Una de esas veces que un artista, sea músico, pintor, escritor, bailarín... te toca el alma. Eso fue exactamente lo me ocurrió ayer con Manu Chao: me tocó el alma.

No puedo explicarlo de manera objetiva. No es un cantante con una voz poderosa, ni el único artista que escribe letras comprometidas. Sin embargo, es de esas personas que cuando la escuchas hablar y/o la miras, te transmite cierta armonía. Positive vibration como se dice en el mundo reggae.

Me ha ocurrido ya con otros personajes que he visto en entrevistas televisadas, o incluso en persona, y la sensación de bienestar que me recorre siempre en la misma. Consiguen que me olvide de los problemas tontos que me agobian. Hacen que me relaje y deje a la vida seguir siendo esa aventura intrépida que merece. Me recuerdan que solo soy un actor más de esta comedia, y no debo asustarme ante el futuro, o vivir en el pasado.

Ciertamente el acontecimiento de ayer no ha podido llegar en un momento más oportuno. Desde que volví a Madrid, ando triste, en general. Agobiado pensando que haré cuando acabe los estudios, y estresado por causa del trabajo y la universidad. Paso muchas horas fuera de casa, en cosas que no me terminan de gustar, a las que no me quiero dedicar, y que muy probablemente, no puedan servirme para algún día ejercer lo que deseo (al menos ya no lo tengo tan claro). Además, en los últimos meses he perdido muchas amistades importantes, es decir, me he dado cuenta que los dos años que pasé en el extranjero han acabado haciendo mella, añadiendo un dolor adicional a mis días. Especialmente los fines de semana.

Todo eso llevo sintiéndolo hace tiempo, y así se lo contaba a mis padres aprovechando las dos semanas que han estado por casa. He podido disfrutar mucho de su compañía, y hoy, gracias al concierto de ayer, me han despedido viendo en mí un ánimo renovado. Qué capacidad tiene la música de despertar ciertos sentimientos!

Soy de los que cree en el destino, en el dharma, en que todos venimos a aprender algo determinado en esta vida, y de ahí, que muchas personas que conocemos y acontecimientos que vivimos no sean por casualidad. En parte, creo que el concierto de Manu Chao fue algo de ese estilo.
Apenas le conocía hace un mes. Solo sabía que era famoso, tenía muchos discos y conciertos a sus espaldas, era de Francia pero con origen español... Y las famosas canciones "Me gustas tú" y "King of the bongo". Sin embargo, cuando hace unas semanas una amiga me dijo de acompañarla al concierto, pensé que era buena idea. Hoy me he pasado la tarde informándome sobre su vida, escuchando de nuevo las canciones de ayer (duró 2,30h el concierto!! tened en cuenta que tiene 52 años!!), viendo documentales, videoclips...

Me quedo con algunas frases que siempre lleva como emblema:

"Pasé lo que pasé, sea como sea, siempre a tu manera"

"La malegría, es la defensa de la risa por encima de las lágrimas. Esa capacidad de conseguir aliviar la tristeza con rayitos de alegría...hay que saber verlos... Muchas veces los más afortunados cuando llegan las tristezas se hunden, pero la gente que está acostumbrada a vivir cada día con lo difícil, con la tristeza, con los problemas, consiguen pasear de rayito de alegría en rayito de alegría... es necesario para seguir andando"



domingo, 12 de mayo de 2013

Huída a África


El jueves pasado quise aprovechar la huelga de educación para no ir a la universidad, salir más tarde del trabajo recuperando horas debidas, y apuntarme a la manifestación. Sin embargo, durante la jornada encontré un evento en el que estudiantes africanos erasmus iban a dar una charla sobre sus proyectos de máster. Entré en duda sobre qué hacer esa tarde... Me acerqué a la mani, pero al estar solo, dolerme la rodilla (me lesioné hace unas semanas el ligamento cruzado) y brincar por mi cabeza la charla de los erasmus africanos, me decanté por esta última opción.

Llegué puntual, y al entrar en la fundación donde se iba a desarrollar la charla me encontré un gran público: únicamente yo. No sé quien se sorprendió más, si ellos de verme allí, o yo por ser el único asistente. Eramos 7 personas, 5 estudiantes, la chica de la fundación que les ayudaba a organizar el taller, y yo.

La exposición no fue como esperaba. Aunque cada uno de los chicos ponía mucho de su parte, reconozco que el contenido del taller me aburría un poco. Hablaron de la organización de la biblioteca de la embajada camerunesa, la humedad relativa de la región suroeste en Senegal... Temas específicos que sin una base previa, no consigues empaparte.

Empecé a preguntarme qué pintaba yo allí. ¿Había ido por que realmente me interesaba lo qué tenían que decir, o simplemente porque la charla la daban unos africanos? ¿me gusta África o estoy obsesionado con ella?

En los últimos años me he rodeado de todo lo relacionado con el continente negro: libros, películas, música, periódicos, blogs... incluso puedo reconocer, que la única chica con la que he tratado de mantener una relación estable, tiene sus raíces en África. "No hay ningún problema en todo eso" pensareis, pero es que ya no sé si me envuelvo en esa atmósfera porque así lo quiero y siento, o porque es una manera que tengo de huir de mi realidad cotidiana.

Recuerdo a los adolescentes africanos que conocí en Barcelona durante un voluntariado. Cómo se habían hecho una idea utópica de lo que era Europa: videoclips en la MTV, la Premier League, pasarelas de cine, Prada, Dolce&Gabbana, Mercedes, BMW... al llegar aquí, no solo se dieron cuenta que nunca llegarían a ser futbolistas o cantantes, sino también que ninguno de los que aquí habíamos nacido teníamos una ligera posibilidad. Se sentían frustrados y acabados. No solo les dolía no poder participar de aquel sueño, sino el hecho, de que no existiera como tal. De que los sueños, sueños son.


Tal vez me esté sucediendo a mí lo mismo. Tal vez sueño con viajar a un mundo tropical, lleno de parajes exóticos y gente sonriente, donde todo sea alegría y baile. Donde yo sea una pieza fundamental en el devenir de mis futuros vecinos, y encuentre una mujer que me llene de pasión y felicidad... Soñar todo eso, quizás me esté privando de otros conocimientos o placeres presentes. Tal vez llegue un día, en el que como mis amigos africanos se rompa mi sueño, y me lleve las manos a la cabeza cuando vea que esa fantasía no existe. Que nadie ni nada me va a solucionar la vida sino soy capaz de aceptarla tal y como es, con sus más y con sus menos, haya donde me encuentre.

Viajar a África lo considero ya parte de mi destino. Lo añado a mi tarjeta de presentación cuando hablo con alguien. Como aquel que aspira a tener una empresa, ser profesor, o dedicarse a la agricultura, yo digo que quiero trabajar en África. Hasta el punto que deja de importarme la función que llevaría a cabo. Solo parece interesarme el destino. Y cuando me doy cuenta de todo eso, pienso si no estaré cometiendo un gran error.

martes, 7 de mayo de 2013

No escribiras en balde


Comencé este blog en agosto de 2010. Cuando salía de casa para pasar un año fuera (que luego se convertirían en dos). Como otros, lo creé con el objetivo de contar mi vida. Contar las cosas que me pasaban por la cabeza, y probablemente, ver si atraía atención ajena; como muchos internautas habían conseguido conmigo. Una de las primeras condiciones: el anonimato: aquellos que quisieran leerme lo harían por mis textos y no porque me conocieran en la vida real. Sin embargo, el poco éxito obtenido, y la lengua tan larga que tengo, me hicieron finalmente pasar el blog a algunos amig@s íntimos.

No tenía claro de que iba a hablar en mis primeras entradas. Pero sabía que no me iba a costar: siempre tengo cosas que decir, y desde muy pequeño me ha gustado escribir.

Recuerdo los veranos, cuando mi madre me obligaba a hacer resúmenes del libro que tocase esas vacaciones. Todo para ayudarme a mejorar mi comprensión y mi expresión (como soy muy nervioso, tenía problemas para escuchar, para entender lo que leía, para hablar...). Con 8 y 9 años, gané dos concursos locales de cuentos. Más tarde, en la pubertad, comencé a escribir poesía, y ya en la adolescencia, me enganché al hip-hop.

Esa herencia dejó que muchas de mis primeras entradas fuesen textos abstractos, muy sentimentales, y según algunos amigos míos, ininteligibles. A ellos, les resultaba bonita mi manera de escribir, pero no entendían una mi...rda. Traté entonces de ser más concreto (tenía que cuidar la poca audiencia que tenía), y sentar los pies en la tierra. Incluso amplié las temáticas para captar mayor atención: viajes, política, sexo...

Por el camino, envidiaba a aquellos bloggers que conseguían sacarme una sonrisa. No es que me considere un chico aburrido, pero reconozco que el humor no es lo mío a la hora de escribir.

Pensé varias veces en abandonar el blog. A fin de cuentas, me entristecía no tener nunca comentarios ni visitas. Además, muchos de mis textos dejaban de gustarme a los dos días, y me costaba escribir todas las semanas (objetivo inicial).

Cuando inicie mi tercer intercambio, en Barcelona, tuve varias entradas dedicadas a la política. Pero no quise que el que había nacido como un blog de ámbito personal se transformase en debate. Así que trasladé sus contenidos a otro blog.

Hace un par de meses, una blogger me dio a conocer en una de sus entradas. De no tener comentarios, ese día y algunos posteriores llegué a ver 4-6. Los seguidores se multiplicaron por 3, y las visitas llegaban de todas partes. "No es para tanto" pensaréis, pero fue lo que siempre había deseado: público. Lo malo: si antes quería ganar lectores, ahora también le sumaba no decepcionar a los recientes.

Desde entonces, he escrito varias entradas un tanto malas. Me traiciona esa pequeña fama ganada (Dios me libre de llegar a más!). Entradas donde no cuento mis "dolores" de cabeza, o los vaivenes de mi realidad cotidiana.

Sigo a la deriva, debe ser. Preguntándome para qué escribo, para quién, y si lo hago cómo realmente quiero. Me preocupo mucho por vuestra opinión. De ahí, que cambie mi manera de escribir, y los temas que antes trataba. Y además, doy unas expectativas al blog que nunca conseguirá alcanzar.

Verdaderamente: nuestra relación, como está, tiene que acabarse. Si decido escribir un blog personal he de hacerlo con todas las de la ley: dejándoos a un lado, y centrándome un poco más en mí. Así que, de ahora en adelante prometo ser sincero, pase lo que pase entre nosotros.

viernes, 3 de mayo de 2013

Tapas de primavera

Recuerdo la fiesta de primavera en Barcelona. Era una fiesta propia de nuestra facultad, pero como suele pasar en las fiestas universitarias, vino gente de otras facultades, universidades, etc. Durante todo el día se estuvo sirviendo cerveza, sangría, y realizando juegos de todo tipo, así como conciertos de bandas locales. El ambiente era genial, y aunque me había prometido ir por lo menos a unas de las clases de aquel día, finalmente desistí, y me quedé de farra.

Podéis imaginar la cantidad de feromonas que flotaban en el ambiente. No solo porque allí eramos todos jóvenes con ganas de pasarlo bien, sino que además, la bebida y el calor ayudaban bastante a "encender el fuego". Yo no paraba de fijarme en unas y en otras, pero no terminaba por decantarme. Finalmente, conocí a una chica con una larga falda blanca de tela fina, pelo largo y tirantes negros.

Enseguida unimos puente con nuestras miradas y comenzamos a conversar tras presentarnos el amigo del amigo del hermano de la prima... La conversación fluía, había feeling. Derrochaba sensualidad con cada gesto. Pero al ver la hora me di cuenta que llegaba tarde a otro encuentro. Le di mi contacto y con una caricia sutil en su espalda, me despedí.

Al día siguiente me escribió. La contesté lo mucho que echaba de menos el tapeo de Madrid. Casualmente se celebraba una feria de tapas por Grácia (hehe) así que me ofreció dar una vuelta y probar. No me lo pensé dos veces.

Al principio andábamos algo cortados, pero pronto comenzamos a conversar. Todo iba genial, y al cabo de 4 cañas ya sentía al alcohol vitorear en mi cabeza. Esta vez, ningún reloj se iba a interponer en mi camino: comencé los acercamientos. Cuando quiso darse cuenta me tenía a menos de 30 cm. Para sorpresa mía, apretó su cadera contra mí sonriendo de forma pícara (¿quién estaba ligándose a quién?). Dije un par de cosas cerca de su oreja, y cuando notó mi aliento en su cuello comenzó a rozar sus vaqueros contra los míos.

15 minutos más tarde entrabamos en su portal besándonos y quitándonos la ropa de manera brusca. Decidimos parar, terminar de subir las escaleras y tratar de no hacer ruido una vez dentro del piso (lo compartía con otros 2 estudiantes). Ya en su cuarto, no me tenía en pie del calentón que llevaba. Hacía meses que no probaba bocado y sus manos se movían rápido por mi piel. Comenzó a bajar sus labios por mi cuello, continuo bajando por mi pecho, y más abajo, cambio su mano por su boca. Tuve que mirar a otro lado para demorar lo que estaba por venir.

La levanté, y cuando me disponía a devolverle el trato recibido, me sujeto la barbilla y me pidió que la penetrase. No me hice esperar: me puse el condón, y se la metí suavemente. Una vez llegué hasta el final, dejó escapar un suspiro que alentó a mis caderas. Una, dos, tres... las sacudidas se fueron sucediendo. Sus manos se entrelazaron en mi espalda, tiro de mis rastas y me apretó contra su cuerpo. Casi no tenía recorrido para seguir penetrándola.

De repente, me hizo perder el control cuando arañándome las nalgas se puso a chupar el lóbulo de mi oreja. No aguanté más y me corrí sin darle tiempo a ella.

Sudados en su cama, ambos sabíamos que la cosa podía haber terminado mejor. Me levanté para ir al baño y secarme el sudor. La dije que me esperase que la noche no había acabado todavía. Al regresar, se había quedado dormida. Vaya tela.

No me lo podía creer. Yo, que acababa de correrme tras haber estado moviéndome de delante a atrás durante un rato, estaba con un calentón increíble. Y ella, que hacía unos minutos gemía cual loba en celo, se había quedado dormida sin haber llegado a disfrutar del todo. No era lógico. Me acosté pensando en el polvo mañanero. Cerré los ojos y traté de dormir. Pero nada: no quería dormir, ni quería quedarme allí. Al cabo de unos minutos comencé a deslizar mi brazo hasta la hendidura de su cuello, y posteriormente pasé mis piernas por encima suya.

Cogí mi ropa y me vestí en el baño. Ni siquiera apagué la luz de la habitación para que no notase diferencia. Salí de la casa cerrando suavemente la puerta, preguntándome si irme de esa manera estaba bien. De ahí, que intentó abrir la puerta del portal y está cerrada: manda cojones. Me había quedado encerrado en aquel portal, y no me quedaba otra opción que despertar a la chica por el móvil.

Su cara, saliendo de la casa con una toalla para abrirme la puerta del portal, viendo como me había marchado sin "terminar el trabajo" y sin ni siquiera decir adiós, os aseguro que no tenía precio. El mío, me figuro que tampoco.

Para colmo, cuando llegué a mi casa de madrugada, me di cuenta que también me había dejado un collar y la palestina.

jueves, 25 de abril de 2013

Primero el cómo, segundo el qué

Soy una persona que le encanta debatir. Tal vez fuese porque desde pequeño veía a mis padres discutir (en el buen sentido) las noticias del día mientras veíamos el telediario. Tal vez porque en mi casa, siempre hubo periódicos en la mesa, y mesas redondas o documentales en la tele. Tal vez porque me alentasen a leer e interesarme por el mundo. Y seguro, porque me encanta hablar, y experimenté desde muy temprano el goce de quien cree llevar la razón...

Todos mis amigos conocen mi gusto por sacar temas conflictivos o tabúes: religión, economía, política, sexo... cuando se está conmigo, poco fútbol! Sin embargo en los últimos meses, comienzo a pensar que:

Lo primero, debo hablar menos y escuchar más. Por algo tenemos dos orejas y una sola boca.

Lo segundo, las formas de expresarse son igual de importantes que el mensaje que quiere transmitirse.


Estoy cansado de ver luchas por ganar protagonismo, defendiendo y atacando a todo aquel que rebate tu punto de vista. Hacer (o al menos intentarlo) gala de una supuesta superioridad ideológica. Parece que hayamos olvidado el significado de CONSENSO y DIALOGO. Impresiona ver como se ofende la gente cuando, no solo les llevas la contraria sino que simplemente difieres en algún matiz.

Pero yo no voy a tirar la primera piedra. Realmente estas cosas nos pasan a todos. Todos tenemos un ego que reclama ser el centro de atención. Ser valorado e importante para los demás. De ahí que cuando alguien no comparte nuestra opinión, nuestro ego nos atice y tratemos de cambiar el punto de vista del oponente, o si esto no es posible, al menos evidenciar lo equivocado que está frente al resto. Para ello, solemos:

- Reírnos. Ya sea con una carcajada burlona o con una simple risita, continuada con una mirada de desprecio y/o indiferencia (mostrando lo irrelevante o iluso que es su punto de vista)

- Examinar con preguntas cortas y rápidas sus conocimientos, buscando alguna contradicción o falta de explicaciones (poniendo a prueba su ignorancia).

- Atacar sus fuentes de información (mostrando su parcialidad).

- Cortar su turno de palabra, anticipándonos a lo que quiere decir (provocando que su mensaje no sea expresado con claridad y robe protagonismo al nuestro).

- Levantar el tono de voz o enfatizar nuestro mensaje con gestos (para desviar la atención hacia nosotros).

- Decir la última palabra (asegurándonos que el oponente cae bajo nuestra opinión; su silencio es nuestra victoria moral: refleja la falta de respuesta a nuestros argumentos).

Todas estas técnicas sirven para "vencer" y ganar adeptos en los debates. Son especialmente placenteras para nuestro ego, y nos cargan de adrenalina (ambas cosas, poco aconsejadas).

Pero lo más importante es preguntarnos, si de verdad tenemos derecho a entorpecer la opinión de los demás, si conseguimos algo cuando avasallamos con nuestro punto de vista, y por último, de qué sirve ganar tiempo, cuando pierdes el respeto a las personas.

Espero en un futuro cercano, cuando debata, sea capaz de: permitir la voz a todos (incluso de aquellos que tratan de callar la mía); y ser consciente de que ninguna verdad es absoluta.

lunes, 22 de abril de 2013

Feria de Abril y barro


Sevilla; viernes 19; Feria de Abril, calor (llegamos a los 36ºC); chicas por allí y por allá, algunas con vestidos de flamenca ceñidos, otras (en su mayoría turistas) con minifaldas, escotes, transparencias, tirantes... y yo con un calentón inimaginable.
Son las 6h de la mañana, me debato entre el cansancio físico y la excitación sexual, cuando mis amigas se acercan y me dicen "vamono´ a casa que aquí ya no hay na´ qué hacer. Ademá, sino no nos vamos ya, mañana estaremos demasiado cansados para ir a la playa". Acepto y marchamos, no sin antes dejar mi retina en los traseros de aquellos vestidos flamencos...
A la mañana siguiente, despertamos a la hora de comer. Yo el primero, que aún tenía el cuerpo acostumbrado al horario laboral, y a continuación, y con mi ruidos descarados, conseguí levantar al resto y comenzar a vestirnos. Llegamos a la playa a las 15,30h. El sol calentaba fuerte, de esos que avecinan quemaduras en la piel, pero la arena no mostraba la agresividad que acostumbra en pleno verano: se preveía un día perfecto de playa.
Mientras buscábamos a l@s colegas de mis amigas, yo no paraba de mirar bikinis, trikinis, bañadores, cuerpos desnudos tostándose al sol... de repente, veo en frente mía, a no más de 10 metros, 3 chicas jóvenes caminar hacia nosotros; 2 de ellas en topless. Mi vista se centra en sus pechos descaradamente. Más por su tamaño, que de por sí eran grandes en el caso de una de ellas, por la cercanía a la que estábamos. Con la mala suerte que cuando quise rectificar, nos están saludando: eran las colegas de mis amigas. Como podréis imaginar, nos saludamos con esa risa nerviosa que identifica la vergüenza de haberme pillado mirando donde no debía.
Nos dijeron donde tenían las toallas, y prosiguieron su camino. Yo me había quedado sin habla: la imagen de sus pechos aún estaba en mis ojos cual alucinación en el desierto. Me di la vuelta con disimulo, y vi que también llevaban tanga. Menuda jornada me esperaba.
Pasé el día con 7 chicas en la playa. 2 de ellas eran amigas mías y no existía ningún tipo de atracción por nuestras partes. No puedo decir lo mismo de las chicas que iban en topless. Aunque en general lo llevé bien, una persona desnuda en sí misma no me causa atracción, no soy de piedra, y cada dos por tres trataba de mirar aquellos pechos y culos como si fuesen caramelos.
Las chicas, todas ellas super majetas y simpáticas, se comportaban lo más natural posible y me trataban como a una más. Eso ayudo mucho a rebajar parte de la tensión sexual que sentía entre mis pantalones (se me había olvidado el bañador en Madrid). Y es que, si un cuerpo se muestra como tal, sin sensualidad ninguna, difícil es que me excite. Solo cuando a alguna de ellas, se cohibía de decir algo (como no, salieron temas sexuales en la conversación) o cruzaban alguna mirada conmigo, me percataba de la situación.
Como digo, a pesar de mi estado diario de excitación sexual (que ya he comentado en otras entradas) ver como se daban cremas, como la una le enseñaba a la otra posturas de yoga para mejorar el "flujo de energía sexual", como entraban en el agua quitándose todo el bañador, etc etc No me perturbó demasiado. Excepto cuando fuimos a un riachuelo donde se hallaban arcillas beneficiosas para la piel: todas comenzaron a embadurnarse de barro, y eso fue la gota que colmó el vaso. Para más inri, se acercaron otras chicas de la playa, guapísimas y con un cuerpo espectacular, y me pidieron que les hiciera fotos con el barro...

Os puedo asegurar que durante toda la mañana, no he podido trabajar sin que a cada segundo recordase y fantaseara con alguna de las chicas que conocí en Sevilla durante esta Feria de Abril.

viernes, 12 de abril de 2013

Sacrificicarse


De lunes a viernes me despierto a las 6h de la mañana. Me lavo, me visto, desayuno, y tras meter en la cartera la comida y la cena, salgo hacia el trabajo.

Cojo un bus hacia la estación de cercanías. Voy hasta Atocha, y allí hago transbordo a otro tren. En total, una hora y media de viaje, que aprovecho para leer. Generalmente en inglés para no olvidarlo.

Entro sobre las 8h, y ahí comienzan 6 horas de trabajo como becario. Ayudando en tareas de gestión y administración de las subvenciones y créditos otorgados a empresas y centros de investigación. Empecé muy contento, sabiendo que la estancia me daría muy buen currículo y experiencia científica en el ámbito administrativo (yo que hasta ahora solo había hecho ciencia a nivel de campo y laboratorio) pero reconozco que no estoy disfrutando ni aprendiendo todo lo que quisiera. Me resulta un trabajo aburrido, y la oficina, junto con el trabajo informático, terminan por agobiarme.

A las 14h salgo, muy cansado, con la cabeza llena de números y estadísticas. Marcho a la universidad para continuar con mi Proyecto Fin de Carrera.

Nada más llegar, y a excepción de no tener algún experimento que deba parar o iniciar pronto, me pongo a comer. Si tengo suerte como con los compañeros, sino, solo. Y luego me pongo a trabajar.

Cometo fallos, muchos fallos, y los resultados fiables nunca llegan. Me frustro, y veo de nuevo como el calendario sigue corriendo por delante de mí. Cada día hace más improbable que pueda presentarme en la convocatoria de Julio para así tener Agosto libre, y poder tomarme unas vacaciones en casa de mis padres: mis queridas islas. Me cabreo, me deprimo...

Suelo terminar entre las 20h o 21h. Los martes y jueves quizás algo antes ya que voy a hacer deporte. Pero en días que tengo mucho que hacer, o simplemente estoy lesionado (estas dos últimas semanas), me quedo hasta el final.

Cojo dos trenes y un autobús. Y por fin entre las 22h u 23h llego a casa. Destrozado de las 16-17h fuera de casa...

Los fines de semana los planeo para descansar, divertirme, y quedar con los amigos. Pero muchas veces no consigo lo que me propongo: cuando hay un plan de fiesta es viernes y estoy cansado de toda la semana, y cuando quiero salir, mis amigos desaparecen en otros planes donde no estoy incluido. Entonces, busco tiempo para otros hobbys como tocar música, hacer deporte, leer, o escribir en el blog. Incluso trato de mejorar mi convivencia con mi compañera de piso: mi hermana. Pero aún con eso, no acabo por satisfacerme y el fin de semana vuelve a pasar tan rápido como el anterior.

No sé si mi día a día cambiará. No sé si voy a conseguir sacarle algo de jugo a mi trabajo antes de acabar mi estancia. No sé qué pasará con mi PFC, si podré presentarlo en Julio o me tocará dejarlo para la convocatoria de Septiembre. No sé si el tiempo que le dedico al inglés y al deporte es suficiente o excesivo. Si reflexiono demasiado acerca de mis compañías. Si estoy buscando las respuestas en el lugar adecuado...

Pero una cosa es segura: estoy aprendiendo a sacrificarme y a convivir con la soledad, conmigo mismo. Todo ello pienso que será positivo, en cualquier circunstancia que me encuentre en el futuro. Solo espero, no haber puesto mis objetivos demasiado altos, y tener cuidado de las cosas que pierdo por el camino.  

sábado, 6 de abril de 2013

Indiscrección sexual


Ayer estuve en la celebración de un cumpleaños, y de nuevo, en una de las conversaciones salió un tema sexual. Concretamente hablábamos del deseo sexual (elevadísimo en mi caso). Yo por supuesto no me corté, y alenté a las personas para que hablasen y no sintieran vergüenza. El problema es que mi manera de alentar se basa en ser el primero en contar como me siento o cuáles son mis experiencias para romper el hielo, y luego esperar a qué los demás hagan lo mismo. Tiene que haber algún fallo en mi estrategia porque siempre ocurre lo mismo: todos escuchan (porque todo lo referente al sexo es morboso y a todos nos gusta poner la oreja), pero cuando acabo solo se ríen, se divierten con mis historias, pero se reservan las suyas. Así, me quedo con cara de tonto y pensando "soy un bocazas". Y es cierto, respecto a temas personales míos soy un indiscreto.

No es la primera vez que me pasa. Me marcho a casa pensando "estoy tonto, no debería haber contado eso o aquello".

En general, hablo por los codos. Especialmente no soy capaz de contenerme cuando sale un tema sexual. Digo siempre lo que pienso o hago sea quien sea la/s persona/s con la/s que converso. Y claro, abrir el pecho de esa forma indiscriminada (por no decir el corazón) tiene un riesgo: desvelo mucha información personal, y la información es poder. Suena peliculero pero es verdad. Con mis amigos, me estoy creando una fama de pervertido increíble. Y lo peor es que la fama ya ha traspasado fronteras y ahora también hay personas, simples conocidos, que las pocas cosas que saben de mí es en relación al sexo qué practico o imagino. Mal asunto.

Sé perfectamente que no soy el único que hace lo que hace, o piensa lo que piensa, pero como soy el único que lo dice, hasta el punto de seducir o repeler con descripciones detalladas, todos me miran como si fuera de otro planeta, exageran mis opiniones, mis anécdotas, y crean perfiles de cómo soy... Debería comenzar a cortar ese hilo.

Debería empezar por hablar menos. Pero me cuesta mucho. Es una de esas características de mi personalidad que menos gusta. Pero aunque consiguiera cambiarla, no sería de la noche a la mañana.

Todo esto lo pensaba ayer cuando salí de Tribunal para ir a casa. Mientras me despedía de mis amigos, podía ver las bromas y risas sobre aquello que acababa de contarles. Me sentí mal. Traidor de mí mismo.

Me llamó la atención un chaval, acompañado de una chica muy guapa, que no siendo su novia, sí parecía tenían algún tipo de rollo. Por lo menos el chico no paraba de estar con ella "metiendo ficha". El caso es que como muchos de los que estaban allí, cuando oyeron que en nuestro círculo estábamos hablando de sexo, se autoinvitaron a la fiesta. Como el juego de la botella cuando eramos pequeños: todo el mundo quiere mirar, pero nadie quiere participar. Pues bien, el chico me cayó bastante mal, no porque se riera de mí (como lo hacían otros), sino porque lo hacía como mostrando superioridad o compasión por mí. Como si fuera el único que se masturba!!

Me quedé con mala sensación. Cuando me iba, pensaba qué imagen tendrían mis amigos de mí, y lo que es peor, la gente del cumpleaños que nunca antes había conocido. Pensaba en burlas qué pudieran hacer a mis espaldas, tipos como el chico ese, solo por reír un rato o caer bien a alguien.

Al menos me consuela que la chica que acompañaba al chaval, me agregase esta mañana al facebook diciéndome lo bien que le caí y si me apetecer quedar un día para tomar algo :P

jueves, 28 de marzo de 2013

Una confesión


La mayor parte de mis allegados no conocen muchas cosas que he escrito en este blog. Sin embargo también hay cosas que me caracterizan, y todos mis amigos conocen, que nunca dije aquí. Creo que ha llegado el momento de aprovechar esta semana santa para confesarme ante vosotros.
Soy un apasionado de África. Especialmente del África subsahariana. De hecho, aunque la razón original de crear el blog fue para liberar pensamientos y compartirlos con más personas, no puedo menospreciar su uso como herramienta para conocer e interesarme por el continente negro.
Me gustan muchas cosas (sé que no es bueno generalizar, pero me vais a perdonar). Me gusta su música: desde las tradicionales y antiguas, hasta las más modernas. Me gusta su arte: sigo a varios fotógrafos africanos y en mi casa hay multitud de artesanía étnica. Me gusta su historia y política: igual que mucha gente lee todos los días el periódico, yo además de leer noticias nacionales, hago lo mismo enfocándome en aquellas relacionadas con África. Por otro lado, leo/leí biografías de personajes importantes como Mandela o Paride Tabán.
Desde que he vuelto a Madrid, me he propuesto centrar la atención, no tener una visión tan generalizada del continente. Mi sueño es trasladarme allí algún día así que he comenzado a elegir países donde mis posibilidades son mayores: países con estabilidad política, fuerte crecimiento económico, y lenguas oficiales que ya manejo (inglés y portugués). No creáis que son pocos los países con estas características!
Decir que mi sueño es vivir en África siempre le choca a la gente. Tanto como confesar tener sangre gitana. Muchos me miran como diciendo "¿África?¿qué se te ha perdido allí?". En general, tenemos una visión del continente muy parcial, basada en los anuncios de ONGs o imágenes de telediario. De esa manera, no es extraño que veamos al continente negro como un lugar de pobreza, guerra, niños famélicos, y violaciones de derechos humanos. Y es cierto, todo eso ocurre en África. Pero también ha ocurrido eso en Europa y ahora tenemos un nivel de vida bastante bueno comparado al que tenían nuestros antepasados. África esta cambiando, y es muy diversa. Las malas noticias apenas significan una parte de ella.
Sería absurdo comparar el nivel de vida de Finlandia para hacerse una idea del nivel de vida europeo. Y también es absurdo, concentrarse en el nivel de vida de los refugiados congoleños si queremos coger una panorámica de la sociedad africana.
África tiene muchísima riqueza, no solo material, sino también cultural, y sobretodo potencial: la mayor parte de su población es joven, con ganas de aprender y trabajar. No sorprende que se hayan duplicado los lazos comerciales con países como India, Brasil o China.
Todavía no tengo claro cómo voy a ser capaz de irme allí, o qué trabajo puedo desempeñar. Pero sí tengo claro que quiero ir. Es algo que me nace del alma desde que era muy pequeño. A veces dudo si realmente es un impulso inconsciente, o simplemente de tanto repetirmelo, y dedicarle tiempo, he hecho que se convierta en una obsesión.
No sé. Igualmente quiero ir. Y ahora, al final de mi Licenciatura en Biología, estoy decidiendo que haré después del verano para que en un futuro próximo me sirva a la hora de marcharme. Agricultura, enseñanza, sanidad pública...
Ya veremos. Lo importante es seguir dentro de la vía, y no preocuparse tanto por las estaciones, ¿no?

domingo, 24 de marzo de 2013

¿Libre?



Una amiga brasileña, estudiante de periodismo, me ha pedido un favor. Ahora está en Madrid gracias a un programa de intercambio, y está haciendo un trabajo sobre el concepto de libertad para la sociedad española en estos tiempos de crisis.

Básicamente me ha hecho dos preguntas: ¿qué significa la libertad? ¿te sientes libre?. Son preguntas donde la respuesta más larga parece ser la más fácil de aportar. Pero voy esforzarme, sintetizando lo más posible, intentado hacer fácil lo que quiero decir.

Para mí la libertad es aquella sensación que uno experimenta cuando se responsabiliza de sus actos. Cuando domina su vida y la vive en plenitud. Ciertamente, hay muchas cosas que no pasan por nuestros filtros de decisión, ya sean por su carácter circunstancial (nadie puede evitar un accidente, o qué llueva cuando te vas de vacaciones) o inconsciente (todos nos hemos bloqueado o pasado miedo en momentos críticos). Como decía José Ortega y Gasset, "yo soy yo y mi circunstancia". Pero obviando esos factores, sí podemos experimentar la libertad.

Respecto a la segunda pregunta, muchas veces debido al estrés del ir y venir constantemente, nos sentimos prisioneros de la vida. Vemos como el tiempo pasa, sin preguntarnos "¿esto es lo que realmente quiero?¿merece la pena perderse los demás sabores de la vida?". Al menos a mí me ha pasado. Faltos de libertad por culpa del miedo, del apego a ciertas personas, apego a ciertos lugares... no somos capaces de saltar la pantalla y seguir caminando inspirados por nuestros deseos y curiosidades (http://www.youtube.com/watch?v=n37Ej6OUrIo).

Os ha podido venir a la mente también el concepto de libertad de social. En este período de crisis especialmente, escuchamos por parte de numerosos grupos sociales, medios de comunicación y hasta políticos, como las libertades sociales decrecen. El sistema político actual no solo recorta partidas presupuestarias, sino que consecuentemente, también recorta nuestra libertad de movimiento. Limitan nuestras opciones, frenando nuestro futuro y nuestras libertades.

Se dice que la esclavitud quedó en el pasado, pero todos sabemos que eso es falso. No solo continúa existiendo la esclavitud tal y como era entendida hace 4 siglos (véase el tráfico personas para su explotación sexual y laboral), sino que también han nacido un nuevas formas de esclavitud: esclavitud de los mercados, esclavitud mediática,... Bueno, más que nacer, digamos que se han hecho adultos y ahora tienen más fuerza.

Nuestras vidas son influidas y limitadas constantemente por "amos" que no son de carne y hueso. Son entes con gran poder, con voz omnipresente, pero sin cuerpo. Por eso resulta tan difícil luchar contra su yugo: los mercados, la opinión social,... Ellos deciden si el precio de los alimentos sube, si tu orientación sexual es aceptable, o simplemente, qué idea que puedas llegar a hacerte sobre el conflicto palestino-israelí. Sin embargo, repito, toda esa información o condiciones no llegan de una persona/s en concreto. No podemos ponerles cara la mayor parte de las veces.

No es fácil sentirse libre hoy día. Simplemente, porque no es fácil ser consciente de qué soy yo y qué es lo que me rodea. Nuestro espacio y tiempo nos coacciona desde que nacemos hasta que morimos. Pero es importante darse cuenta, que tú, como ente particular de tu situación también tienes algo qué decir. No debemos temer nuestra libertad (recomiendo el libro de Eric Fromm "El miedo a la libertad"; lo leí durante mis rutas en La Palma, y causó un gran efecto en mí).

Yo soy un optimista, y sí me siento libre. Y por tanto feliz. Trato de darme cuenta cada día cuáles son las cosas qué sí están en mi mano, y qué cosas he simplemente de aceptar como parte de la vida. Con respecto a las primeras, actúo, y no dejó que sean llevadas por la corriente.

¿Qué pensáis vosotros?¿os sentís libres?

martes, 19 de marzo de 2013

¿Afortunado?


A pesar de los problemas que pueda tener, llevo varias semanas tratando de sentirme lo mejor que puedo. Ese es mi objetivo diario.

Camino un rato por la mañana hasta la parada de tren, en lugar de coger el bus delante de casa, para así respirar el aire del amanecer. Me fijo en los padres que recogen a los niños del colegio, y sonrío. Leo tranquilamente durante mi viaje al trabajo o a la universidad. Y hago las cosas de casa con un poco de música, al tiempo que coloco incienso en el salón.

Pues bien, hoy no es un día alegre, como quien dice. Hoy estoy lleno de rabia. La causa es aquella dichosa frase que últimamente oigo desde que encontré trabajo como becario: "no te puedes quejar de nada, tienes un trabajo donde te pagan". Si me lo dijeran personas en situaciones mucho peor que la mía, podría entenderlo. Pero no suele ser así.

Señor@s, soy uno de esos chicos que pertenecen a la generación más preparada de la historia (eso dicen), que ha estudiado duro toda su vida; que a los 20 años se fue de casa con varios programas de intercambios (no regalados como algunos piensan, sino ganados con mucho esfuerzo) para aprender a vivir independientemente y conocer nuevas lenguas y culturas; que esos dos años fuera de casa no solo le han válido para divertirse y hablar 3 lenguas, sino que también le han aportado mucha soledad y sacrificio; que nada más volver a casa busco trabajo al tiempo que lo compaginaba con su Proyecto Fin de Carrera; y ahora, después de haber pasado por 4 prácticas donde le pagaban nada, a excepción de la última, 80€ al mes, por fin ha conseguido un puesto como becario con un sueldo de 700€ al mes. Obviamente, insuficientes para ayudar a sus padres, y relajar el cinturón que los aprieta (como a todos) en los tiempos que corren.

Yo, a diferencia de ustedes, no vengo de esa generación que tardó 40 años en deshacerse de la dictadura; que vio crecer este sistema injusto, donde los ricos roban a los pobres con total impunidad; que votó a partidos corruptos y déspotas; que prestaban más atención al fútbol que al devenir de sus hijos y nietos; y que ahora, encima, se queja con la llegada de las vacas flacas diciendo "los jóvenes no hacen nada por cambiar esto".

Yo en su lugar, después de toda mi vida estudiando y preparándome para el presente, lo veo ahora más negro que nunca: con manifestaciones todas las semanas (de las que participo para "lograr un cambio", como tanto apelan desde su sofá), huelgas de metro, autobús y tren cada dos por tres; poca esperanza de trabajo; y un mundo tan contaminado que un paseo por la calle consigue reducir tus años de vida más que el tabaco.

Por no hablar del futuro. El futuro al que me atengo señor@s desafortunados, no contempla pensión alguna cuando me jubile, ni una sanidad pública digna, ni tasas universitarias adecuadas para la mayoría, ni una gran cobertura farmacéutica caso de caer enfermo, ni ahorros para poder irme de vacaciones con mi familia...

No me gusta que me infravaloren, pero a día de hoy, mucho menos que me consideren un afortunado. Eso es despreciar mis años de esfuerzo y mi valía.

Con todos mis respetos, antes de considerarme un miembro de la Casa Real que nació con un pan bajo el brazo, piensen si alguno de ustedes se cambiaría por la situación que jóvenes como yo estamos viviendo a día de hoy. Incluso con mi gran sueldo de 700€ al mes.