lunes, 9 de junio de 2014

Ser tratado como adulto (al fin)

Un camello parte de los numerosos rebaños que hay por aquí, apreciados por su leche y carne. Fuente: www.wardheernews.com
Ayer cumplí dos meses en Somalia. Viendo las últimas entradas, creo que es hora de escribir algo que me resulta positivo y gratificante de esta experiencia que vivo al este de África.

Durante mis dos últimos años en España desde que volví de Sao Paulo, me sentí impotente, frustrado y minusvalorado en muchas ocasiones. A pesar de mi esfuerzo y consecuentes resultados académicos, de mi interés por aprender a nivel personal y cultural, y el trabajo que desempeñé para desenvolverme en diferentes países y empleos, me seguían tratando como un adolescente. Por no decir como un niño.

Allí yo seguía siendo el estudiante, el becario, el parado, el joven.... palabras que no deberían contener un fondo negativo, pero que el momento actual, para alguien con 24 años, le supone una barrera para avanzar. Para alcanzar la madurez social. El respeto y reconocimiento del resto de adultos.

Ha sido aquí, en Somalia, en un internado de educación secundaria, donde he comenzado a sentirme valorado y respetado por mis compañeros y “clientes” (los alumnos). No me tratan con desdén, ni veo superficialidad en las tareas que me mandan, o planes de futuro que proyectan para mí (conmigo). Formo parte de un equipo, y soy igual de importante que el que llegó hace tres años. Aunque me queda mucho que mejorar, y eso lo sé yo y los demás, no me supone una barrera a la hora de tomar decisiones o tomar responsabilidades. Por el contrario, me animan a tener iniciativa, al mismo tiempo que hacen un seguimiento de mi evolución y metodología.

Ya era hora que me tratasen como un trabajador y no como un becario. Ya era hora de que me permitieran tomar responsabilidades. No soy un niño, y aunque lo fuese, creo haber demostrado durante muchos años la madurez que he ganado con mi esfuerzo.

En España se nos dice que somos el futuro y hemos de empujar. Pero en mi opinión, solo nos permiten empujar el columpio donde andábamos en la infancia. Es una cuestión de percepciones el hecho de si nos dan más o menos posibilidades. La mía es que cuesta mucho ser joven en España. Ser una persona con buena salud, formada, con predisposición para trabajar, y que luego solo encuentres empleo como becario donde te pagan “con experiencia laboral” y el abono transporte.

Me he venido a Somalia cobrando 180€ por mes. No es nada en Madrid, pero es más de lo que me pagaban allí, y el trato es mejor. Por no contar la increíble experiencia personal, cultural y laboral que estoy adquiriendo. Por fin me dan espacio para que continúe mi crecimiento como persona.


Sin duda alguna, esta ha sido una de las mejores decisiones de mi vida.

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