lunes, 3 de diciembre de 2012
sábado, 24 de noviembre de 2012
Pamplona
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| Imagen de la ciudadela en Pamplona. Fuente: www.pamplona.es |
Ayer pasé el día en Pamplona.
Solo pude aprovechar dos horas del día,
puesto que al llegar la noche anterior, fui directo al albergue donde
había reservado cama, y por la mañana estuve ocupado por motivos de
"trabajo" (quiero decir, prácticas de empresa no
remuneradas xD). Fue a la hora de comer cuando quedé libre para
visitar la ciudad.
En dos horas apenas me dio para pasear
por la ciudadela y comer en el centro. Pero me dio que pensar. Una
ciudad noble, esta Pamplona.
Se respiraba ambiente de ciudad
elegante, educada, muy del norte. No había ruido en sus calles, a
pesar de la ida y venida de coches y personas. No había grandes
risas ni aspavientos en sus bares, pese a estar en pleno almuerzo
gran parte de los trabajadores. No había olores fuertes. No había
nada en exceso. Tampoco faltaba nada.
Daba la sensación de estar todo en su
lugar. Todo era correcto. Todos eran correctos.
Trato de no tener prejuicios
regionales, pero reconozco que al igual que la gente del sur me
parece muy "viva" y enérgica, la gente del norte siempre
me pareció tranquila y noble. No sé como explicar este último
adjetivo.
Uno se da cuenta en el trato que te
dan, en la manera que tienen de hablarte, en su manera de moverse, y
hasta en ciertos comportamientos. Parece que nacen con las normas de
cortesía bajo el brazo. Y a cada momento, sin ellos decir nada, te
das cuenta que no puedes imitarlos. A ti te falta esa cortesía nata.
Esa apacibilidad noble.
Tal vez ese sea su pecado. Tanta
cortesía, y mesura, puede que llegué a resultar un ambiente
aburrido. O al menos así me comentan algunos amigos de allí.
Envidian el ajetreo del sur.
No sé, el caso es que uno al pasear
por sus parques y calles, se siente bien. Una mezcla de sosiego y
cariño, que te hace sentirte acompasado con el presente, a la vez
que consigues un silencio interior, que ya tenías olvidados. Qué
nostalgia de ambas cosas.
Retengo la noche de mi llegada, cuando
comencé a percibir estas sensaciones. Desde la estación de autobús
iba caminando al albergue, cuando decidí cenar algo en un bar. La
cafetería donde entré no tenía nada de especial. Eran las 21,30h y
pese a ser noche de Champions League, no había casi nadie. En otros
lugares estarían las mesas llenas, con gente tomando cañas, y
comentando en alto el partido, pero aquí solo vi un par de mesas con
gente mayor, tomando café y hablando en un tono tranquilo. Sí que
había hombres en la barra viendo el fútbol (tres, a lo sumo), pero
sin ningún tipo de nerviosismo o agitación como he visto otras
veces. Tranquilos, se tomaban su vino y hablaban de vez en cuando con
el camarero, y a la que terminó el primer tiempo, cada uno se fue a
su casa. Quedé allí, solo en la barra, tomando una coca-cola y un
sanwich vegetal. A mi espalda un señor tomando café mientras leía
el periódico. Y de fondo, sonaba Norah Jones. Un lugar para
recordar. Creía estar en la película My Blueberry Nights. El tiempo
se había parado, y las preocupaciones parecían estar cansadas de
tanto hablar. Comí despacio, y trate de comprender porque todo y
todos estaban tan tranquilos. Al final me dí cuenta, que el raro era
yo, siempre con prisas y con la mente agitada.
http://www.youtube.com/watch?v=pr3n7ZrLxow
Me di cuenta que la vida es como el
respirar. Lo natural es tomar el aire tal y como viene. No aguantarlo
en los pulmones, para luego soltarlo entre soplidos y jadeos. Una
lástima haber cambiado el orden de las cosas, y vivir entre carreras
y pisotones.
viernes, 16 de noviembre de 2012
IX. De vuelta a Sta. Cruz
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| Campo devastado por el incendio que sacudió La Palma en Agosto-2012 |
13- Agosto:
Fue la primera noche que pasé
"completamente al raso". Quiero decir, si hasta el momento,
dormía metido en el saco, reposando encima de la asterilla, esa
noche el saco me lo puse de almohada: me dormí con la ropa puesta
(la que tenía reservada para la noche y no para caminar) sobre el
aislante. Nada más. Al principio he de reconocer que me costó. Me
daba miedo dormir "desprotegido" de mi querido saco, pero
al final me di cuenta que era un miedo inútil, propio de mi
educación urbana... Seamos claro, un pinar en La Palma no es la
selva amazónica; nada era peligroso allí. Dormí como los ángeles.
La jornada no resultó nada dura, pues
era corta y llana. Sin embargo fue algo triste, ya que tuve que pasar
por las zonas que se habían quemado durante el incendio que se
inició justo al yo llegar a la isla. Si un incendio ya es una
catástrofe de por sí, imaginaos en lugares donde se vive de la
agricultura y ahora comienza a potenciarse el turismo rural: afecta
negativamente en todo. Afortunadamente, en Canarias existe una
especie de pino, el pino canario, que tiene la capacidad de recuperar
pronto la población una vez ha sucedido un incendio (de hecho, ha
comenzado a exportarse a países como EEUU). Otro punto positivo del
incendio, siento decirlo, es que servirá para dar un toque de
atención a las autoridades y sociedad: es un deber cuidar el medio
ambiente por respeto y las consecuencias que nos acarrea. No me
pareció normal, ver fincas donde la maleza y hierbajos creciesen a
sus anchas por abandono/irresponsabilidad del
propietario/administración, ni que pudiera verse basura (entre ellos
cristales, fuente de muchos incendios) en muchos parajes.
Llegué a Villa de Mazo cerca de las
13h, tras 4,30h de caminata. Allí espere a Cristina y Pablo, unos
amigos de Paula, que iban a hospedarme en su casa por esa noche.
Volver a la civilización tras 7 días lavándome en la playa,
comiendo latas, y durmiendo al raso, me pareció maravilloso xD
Además, ambos eran muy simpáticos, tratando en cada momento que me
sintiera lo más cómodo posible. Me cocinaron, y luego me llevaron a
una cala preciosa de Fuencaliente (justo la ciudad de la que había
venido). Por la noche nos acercamos a Santa Cruz, comimos unas
cachapas venezolanas, y tomamos unas cervezas con todo el grupo:
Paula, Cristina, Pablo, y amig@s de ellos. A pesar de mi insistencia,
creo que casi me invitaron a todo... Muy buenos anfitriones.
Volviendo a casa, me prepararon el
sofá-cama del salón. No sé como se dormirá en una suite, pero
aquello fue la ostia.
14- Agosto:
Me levanté con cierto sueño, sobre
las 8,30h, y es que me había acostado a las 2h esa noche habiendo
acostumbrado al cuerpo durante 7 días a dormir cuando caía el sol:
a las 21h. Mismo daba, todo bien. Esa sería mi última etapa de mi
primera fase en La Palma: rodearla por el camino real de la costa, el
GR130. Solo tenía que caminar un par de horas hasta Santa Cruz...
Solo eso... Sin embargo, y como ya me habían previsto Cristina y
Pablo, las indicaciones del camino desaparecieron, y me perdí. Un
trayecto que normalmente se hubiera podido hacer en 2 horas, tardé
en hacerlo 3,30h. Una impotencia encima que no os podéis ni
imaginar... Llegué a casa de Paula, quién la noche anterior me
había colocado las llaves en un lugar seguro, y por supuesto, me
había invitado a pasar la noche allí. Descansé casi todo el día.
Leí, lavé la ropa, y miré los mapas de las siguientes rutas: la
ruta del Cubo de la Galga, y la ruta del Bosque de los Tilos junto
con los nacientes de Marcos y Cordero.
Por la tarde-noche cuando Paula llegó,
hablamos de mis días a la intemperie (ella creía que no iba a durar
ni dos días xD), de anécdotas que nos habían ocurrido durante la
semana, y por último, hablamos de político. 15M a muerte!! jeje
Su hijo pequeño y yo dormimos de nuevo
en la litera. Él abajo, yo arriba... Como un bebé, no digo más.
lunes, 29 de octubre de 2012
La Palma VIII. Los Llanos de Aridane y Fuencaliente
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| Faro y salinas de Fuencaliente (La Palma). Fuente: www.sobrecanarias.com |
11- Agosto:
Dormí bien, exceptuando por el ruido
de una barbacoa que celebraban en una de las chozas que lindaban la
pared del barranco (pequeñas cabañas de veraneo propiedad de
familias de la zona), y por los mosquitos. Aquel sommier oxidado fue
un regalo después de tantos días durmiendo sobre suelo duro. Me
encontraba fuerte al caminar. La etapa, aún siendo larga, me la hice
rápido y cómodo (5 horas solo). Al llegar a los Llanos de Aridane,
compré comida, y en un banco de la calle, encontré lugar para
instalar mi restaurante ambulante. Mientras comía, la gente me
miraba cual mendigo: comiendo latas de mejillones, despeinado, sin
afeitar, pies descalzos con unas botas al lado llenas de tierra y
polvo, la camiseta manchada no solo de sudor, sino también de
sangre... no les culpó, pero me hacía gracia. Especialmente cuando
me sacaba la lengua algún niño y le respondía como el mismo
ataque. De repente, se me acercó un tipo medio raro. Me explico: el
hombre iba sin camiseta, con la piel pegada a los huesos, sombrero de
cowboy, y chancletas made in taiwan. Vino sonriendo preguntandome qué
tal estaba, etc. 2 segundos después me preguntó si tenía "alguna
pedrilla pa´fuma". Previsible. Le dije que no, y le expliqué
un poco mi viaje, para que entendiera como un tipo con mis pintas, no
era un tirao de los que él pensaba que era. No le convencí. Me
preguntó 20 veces más si de verdad no tenía nada para fumar, a lo
que intercalaba relatos de su vida. Que él fumaba pero sin
engancharse, que era el mediano de 7 hermanos (no me quedo claro que
posición ocupaba), que había sido agricultor y ahora se ocupaba de
cuidar a su madre en la casa familiar, que los mercedes no son tan
buenos como los BMW.... Le dejé cuando vino un chico joven a pedirle
coca, la cuál me había dicho no consumía. Salí de la ciudad para
dormir de nuevo a la intemperie. Escogí una zona de viñedos, donde
residían muchos alemanes jubilados dedicados ahora a cuidar (o
cuidasen) de sus parcelitas. Okupe una de las parcelas donde aún no
habían comenzado las obras de la futura casa. Fue una noche muy
ventosa, que fortaleció la calima de esos días, y ensució mi cara
y pulmones por momentos.
12- Agosto:
Me costó mucho dormir por culpa de la
tierra levantada por el viento. Al despertar mi saco estaba rojo de
toda la arcilla que esparcida al aire. Recogí y mientras comenzaba a
caminar me mentalicé del consumo racionado de agua que ese día
debería llevar a cabo, pues era una etapa larga, que en su mayor
parte pasaba por zonas volcánicas despobladas donde no podría
conseguir nada para beber. El sol pegaba fuerte y la calima impedía
aprovechar el aire como los pasados días. Afortunadamente, no había
desniveles intensos, ni barrancos que subir o bajar. El plan era
quedarme a dormir aquel día en casa de una amiga de Paula, pero al
no conseguir contactar con ella, continúe hasta el final de la
etapa. Llegué a Fuencaliente, contento de haberle sacado partido a
mis 1,5 litros de agua durante las 6 horas que duró la caminata. Era
domingo, no podía comprar comida en ningún comercio, y además
España jugaba contra EEUU la final de baloncesto en los JJOO: ese
día comía en un bar como homenaje personal. Quedaban dos horas
todavía para el partido, decidí esperar hasta entonces para entrar
en un bar a comer. Pero mientras esperaba fuera, se me acercó un
lugareño, típico hombre de bar que sale fuera a echarse un cigarro,
y se puso a hablar conmigo. Tuvimos una conversación graciosa,
porque el tipo, sin haber caminado en su vida (cosa que él mismo
reconoció) infravaloraba el viaje que me estaba pegando a lo largo
de la isla. Incluso me dijo de ir lento, y no haber acabado antes de
dar la vuelta a la isla. También se alegró mucho de que viniera de
Madrid, ciudad que le encantó cuando hizo la mili. Tanto le gustó,
que me quiso invitar a una cerveza por ser de Madrid. Acepté
encantado. Lo que no preví fue que, como hombre típico de bar, todo
lo dejaba fiado al camarero, y este se enfadó con él por pagar mi
cerveza pero no pagar su vino. Tanto se enfadó, que le echó del
bar. Imaginaos, el pobre hombre fuera del bar, mientras yo me quedaba
en el bar tomando la cerveza que él había pagado. Me sentí mal,
pero por otra parte, no tenía la culpa. Pensaba haber invitado yo a
la siguiente ronda, pero es que no aguantó!! Tras 3 horas en el bar,
el balance fue 5€ de dos cocacolas y un bocadillo, añadido a la
derrota de España. Me eché unas risas con la gente del bar,
especialmente con un rasta (son los mejores ;P) y me fui hasta un
pinar para pasar la tarde y la noche, antes de mi penúltima ruta.
sábado, 6 de octubre de 2012
La Palma VII. Tijarafe
Día 10-Agosto:
Vale, he aprendido que
dormir en un acantilado no es bueno. No por el peligro de caerte al
vacío, ya que tomé mis precauciones y dejé una distancia
considerable y bultos de seguridad en el camino, sino por el tremendo
viento que hace. No pude dormir apenas, eso sí, disfruté de una
noche preciosa. Justo cuando me estaba quedando dormido, amanecía.
El día anterior medité quedarme un día más allí, pero el enfado
mañanero por la falta de descanso ni lo consideró. Recogí rápido
y me fui.
La jornada fue bastante
mal. No por la dificultad, sino por el calor y de nuevo los
extravíos. Era un bajón moral cada vez que no sabías donde tirar,
o cuando te dabas cuenta que tenías que retroceder de nuevo.
Acabé entrando en una
comuna de hippies (por fin los hippies de los que me habían
hablado!!) en Buracas. Una sorpresa agradable en esta jornada tan
mala. Eran en su mayor parte alemanes mayores, todos muy afanados en
sus tareas: arreglar el huerto, hacer artesanía, preparar café para
los turistas, etc. Además, en Buracas hay restos arqueológicos de
los benhaoritas (población prehispánica). Me dio agua una mujer con
el pelo canoso peinado en rastas. Era muy agradable, y cuando me
llevaba hasta la fuente vi a una chica vendiendo objetos artesanos
que me dejó hipnotizado. No solo era bellísima, sino que su sonrisa
te confesaba como la belleza más radiante es la que sale de dentro,
y no la que añadimos desde fuera. A su lado había un chico
arreglando una pared con adobe, al mismo tiempo que se fumaba un
porro y escuchaba a Bob Marley. Me dejó encantado aquel ambiente y
salí mucho más animado de allí.
Al rato me volví a
perder, y me senté en una sombra cerca de la carretera. No podía
más. Ni físicamente ni psicológicamente. Reflexione un rato, hice
las paces conmigo y con el camino, y me levanté de nuevo: solo los
fuertes sobreviven. A los 10min aparece un coche, y cuando le paro
para preguntar el camino a seguir, resulta que es el chico de la
comuna que arreglaba la pared y me invito a subir al coche. Bendito
karma :)
En el coche encontré, un
rottweiler manso babeándome en el hombro, suciedad por todos lados
(incluido el conductor) y olor a cannabis como ambientador. Hablamos
de todo un poco: de la comuna hippie (de la que él no formaba
parte), de la crisis del plátano, opciones de futuro... Pasamos
Puntagorda hasta llegar a Tijarafe. Allí me dejó, y tras comer en
una plaza un par de latas, y cargar el móvil en un bar, me puse de
nuevo en camino para buscar el sitio donde pasar la noche.
Comencé por seguir la
Ruta del día siguiente, y al cabo de un rato vi un cartel que
indicaba otra ruta, local, hacia una playa. Me pareció buena idea y
avancé por ella. Al cabo de hora y media de camino tortuoso y en
pendiente llegué a la desembocadura de un barranco, que allí
llamaban playa: la Playa del Jurado. Estaba casi atardeciendo y me dí
un baño aprovechando esas últimas luces. Algunas personas que allí
andaban charlando y fumando me miraban extrañados, imaginando quién
sería ese chico, venido de no sé dónde, y acompañado de mí mismo
y una mochila de viaje. Hablé con ellos, y se sorprendieron de lo
qué estaba haciendo. Incluso me preguntaron si había salido en tv.
Pero no, luego confirmó uno de los asistentes que el qué había
salido en la tv hace unos días era un hombre que, como yo, estaba
dando la vuelta a la isla, pero en barco (así mejor, pensé).
La gente que allí había
eran personas que veraneaban en las casitas construidas en las
paredes del barranco. Yo me quedé en lo que parecía una casa donde
se encontraban todas las llaves de luz y de agua de las demás
casitas. Encontré un somier oxidado, pero capaz de mantenerse en
pie. Coloqué la esterilla encima, y sin saco ni nada, me puse a
dormir encima.
miércoles, 3 de octubre de 2012
La Palma V. Santo Domingo de Garafía
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| Playa de Santo Domingo de Garafía. Fuente: www.la-palma-kanary.com.pl |
Día 9-Agosto:
Con la primera luz del
alba, desperté, y sin concederle tiempo a la pereza me preparé
rápido, ese día iba a ser duro. Me faltaba comida, tampoco quedaba
mucho agua en la botella, y faltaban barrancos que cruzar. Sin
embargo, mi moral y actitud se habían vuelto más positivas y
calmadas con el paso de los días, y eso hizo que no sufriera tanto
durante la jornada.
Atravesé bosques
preciosos, tramos muy áridos con alguna que otra casa aislada y
rebaños de cabras que me miraban con suspicacia.
Por fin llegué a Santo
Domingo de Garafía, y allí compré comida para varios días, y un
pastel como regalo personal. Al colgarme la mochila, noté como el
hambre me había jugado una mala pasada comprando tanto. Tras salir
de la tienda, siendo las 14h, decidí encontrar el lugar donde comer
y pasar lo que quedaba de día. Me indicaron que bajará a "la
playa". 5km con una inclinación cercana a los 60º de camino...
Llegué a unos acantilados muerto de cansancio y calor, pero llegué.
Allí encontré casetas construidas por los aborígenes de la isla,
anteriores a los conquistadores españoles, que habían sido
remodeladas por pescadores y habitantes del lugar con el paso del
tiempo. Las vistas eran maravillosas, con el mar de varios azules
debido a las diferentes profundidades y vegetación del lecho marino.
Me recordaba a las películas de piratas y corsarios. Tras comer y
descansar un poco en un resquicio del acantilado, bajé hasta una
piscina natural. Más que una piscina natural, parecía un escondite
de sirenas para escapar de las olas en tiempos de tormenta. Algas
submarinas, peces de colores, y una poza en el centro que invitaba a
tirarte de cabeza cada dos por tres, eso era lo que allí
encontrabas. Y para qué quería más!!. Volví a "mi sitio"
e inspeccione el lugar para decidir donde dormiría llegada la noche.
Observé que la mayor parte de cabañas estaban abandonadas, y a su
vez, habían sido usadas como vertederos y baños imprevistos. De
ellas brotaba un hedor insoportable y basura por todos lados. Una
auténtica pena. Las cabañas ocupadas pertenecían a gente que las
usaba como lugar de veraneo. tenían agua y luz que ellos mismos
habían traído desde el pueblo con cables y tuberías. Me sorprendió
un hombre, que vivía allí todo el año. De unos 40 años se le veía
reservado y un poco gruñón. Vivía con dos perrillos que no dejaban
de ladrar a todo extraño. Me pregunté si a pesar del esplendido
paisaje y la pesca que allí pudiera encontrar, no se vería privado
de necesidades sociales y humanas. Me pasé la tarde leyendo, viendo
a los pescadores submarinos bucear, y dejándome observar por unas
niñas que estaban veraneando en una de las cabañas con sus abuelos.
Creo que tuvieron que flipar al verme llegar con mis pintas, y luego
al verme mis preparativos para pasar la noche al borde del
precipicio.
jueves, 20 de septiembre de 2012
La Palma IV. El Tablado
7- Agosto:
Los rayos de sol y la
marea fueron la alarma del despertador. Un despertar suave, cómodo.
Nada que ver a mi rutina urbana. Sin embargo, esa vez me preparé
rápido: no quería que me pillase el toro de nuevo. Estaba cansado
de la tremenda caminata anterior, y quería terminar pronto la etapa
que me tocaba ese día. El comienzo, la subida de Las Piscinas de la
Fajana hasta Barlovento fue duro: casi 2 horas de ascensión, además
de perderme un par de veces gracias a las típicas indicaciones
"muchacho, vas para allá y luego subes por allí". Pero
ese día me encontraba fuerte. Anímicamente quiero decir. A pesar de las
contracturas en la espalda, y de perderme cada 2 por tres, estaba feliz. Me sentía tremendamente libre. La ruta
atravesaba paisajes maravillosos. De vez en cuando llamaba a
las puertas de alguna casa para que me dieran agua, y continuaba por
los senderos. Muchas veces me tocó preguntar a la intuición cuál senda tomar, y es que como en la vida, durante la jornada se me presentaban opciones, sin ninguna pista por la que decantarme
objetivamente. Tras 4,30h de viaje, llegué a El Tablado. Una aldea
pequeña en norte de La Palma, justo en el medio, ya que en la punta
del nordeste se encuentra Barlovento, y en la punta del noroeste se
halla Santo Domingo de Garafía. Era una aldea muy pequeña, y fue
allí donde conocí a una anciana entrañable. Al preguntarla por donde
continuaba el camino, no solo me indicó amablemente, sino que me dio
agua, fruta y sus bendiciones. No sé por qué, no me olvidaré de ella. Justo al doblar
la esquina, saliendo de la aldea, vi una casa abandonada que me
"llamaba". Se convirtió en mi hostel. No sé, me daba
buena química, y el paisaje que desde allí tenía era espectacular.
Hablé con mis padres por teléfono y me disculpé por haber estado
tan irascible los días anteriores. Pensé un poco sobre mi vida. Las cosas que he de aceptar ocurran, y tratar de llevarlas lo mejor posible. Me relajé. Más tarde, eche el aislante y el saco de dormir al suelo de la
terraza. Eran las 20h, y la caída del sol me aconsejaba dormir. Si os preguntáis por qué no quise dormir dentro de la casa, os diré que por respeto. Tenía claro, que en una casa abandonada de la
cuál no conozco su historia, no debía dormir dentro. Puede que también sea algo supersticioso, he de reconocerlo.
8- Agosto:
Desperté con la clara
convicción de no caminar. Me tomaría el día libre. Haciendo
cuentas de los días que iba a pasar en La Palma, me sobraban días
para caminar todas las rutas que quería, y además el cuerpo me
pedía tiempo muerto. Me pasé el día leyendo, pensando y hasta di
una vuelta por el pueblo y las inmediaciones del Camino. No paraba de
recordar aquellas comunas hippies de las que me habían hablado en
Sta Cruz, podía encontrarme por el norte. Mientras Paula
me contó que eran gente muy maja, generalmente alemanes jubilados, que
vivían en cuevas y trabajaban con artesanía, agricultura y pesca,
una amiga suya me había avisado que muchos de ellos estaban locos y
hasta hacían rituales de magia negra. Tenía una especie de
curiosidad miedosa por encontrarlos, ya que hasta el momento no vi a
nadie. Pregunté a la gente de El Tablado, pero ellos no sabían
nada... Al final del día, conocí a una pareja: una chica de barcelona
y su compañero, de Alemania, que también estaban caminando por la
isla. Sin embargo se notaba que no viajaban en "mi mismo rollo".
Por lo que me dijeron, iban cargadisimos de equipaje, y muchas veces
cogían buses o hacían autostop. Los dos tenían una estética muy
rara: él llevaba en el tabique de la nariz 4 piercing, y unos
dilatadores enormes; su cabeza estaba rapada entera, menos la parte
delantera en la que tenía un par de rastas muy descuidadas; ella tenía
rapada media cabeza, y la otra con el pelo largo; en su ropa veías
todo tipo de colores, y ambos llevaban los pies más negros que el
betún. Me preguntaron si estaba okupando la casa y si había tenido
problemas con las ratas. A ambas cosas les dije que no. Me explicaron
que ellos si habían tenido problemas con las ratas en el barranco
donde estaban acampando, hasta el punto que tenían que subir la
comida a los arboles. Me extrañó, porque yo ni siquiera había visto
una. Imagino que tal vez eran un poco sucios y habían dejado materia
orgánica alrededor de su zona de acampada, además de situarse en un
lugar bajo donde todas las alimañas salen por la noche. Eran unos
personajes muy graciosos la verdad. Especialmente el alemán que de
poco se enteraba pero le ponía unas ganas que no veas. Me despedí
de ellos, y mientras me preparaba para dormir, me di cuenta de la poca comida
que me quedaba. Al día siguiente no solo tendría que preocuparme
por los hippies del vudú, sino por conseguir algo de comer.
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