lunes, 29 de octubre de 2012

La Palma VIII. Los Llanos de Aridane y Fuencaliente

Faro y salinas de Fuencaliente (La Palma). Fuente: www.sobrecanarias.com

11- Agosto:

Dormí bien, exceptuando por el ruido de una barbacoa que celebraban en una de las chozas que lindaban la pared del barranco (pequeñas cabañas de veraneo propiedad de familias de la zona), y por los mosquitos. Aquel sommier oxidado fue un regalo después de tantos días durmiendo sobre suelo duro. Me encontraba fuerte al caminar. La etapa, aún siendo larga, me la hice rápido y cómodo (5 horas solo). Al llegar a los Llanos de Aridane, compré comida, y en un banco de la calle, encontré lugar para instalar mi restaurante ambulante. Mientras comía, la gente me miraba cual mendigo: comiendo latas de mejillones, despeinado, sin afeitar, pies descalzos con unas botas al lado llenas de tierra y polvo, la camiseta manchada no solo de sudor, sino también de sangre... no les culpó, pero me hacía gracia. Especialmente cuando me sacaba la lengua algún niño y le respondía como el mismo ataque. De repente, se me acercó un tipo medio raro. Me explico: el hombre iba sin camiseta, con la piel pegada a los huesos, sombrero de cowboy, y chancletas made in taiwan. Vino sonriendo preguntandome qué tal estaba, etc. 2 segundos después me preguntó si tenía "alguna pedrilla pa´fuma". Previsible. Le dije que no, y le expliqué un poco mi viaje, para que entendiera como un tipo con mis pintas, no era un tirao de los que él pensaba que era. No le convencí. Me preguntó 20 veces más si de verdad no tenía nada para fumar, a lo que intercalaba relatos de su vida. Que él fumaba pero sin engancharse, que era el mediano de 7 hermanos (no me quedo claro que posición ocupaba), que había sido agricultor y ahora se ocupaba de cuidar a su madre en la casa familiar, que los mercedes no son tan buenos como los BMW.... Le dejé cuando vino un chico joven a pedirle coca, la cuál me había dicho no consumía. Salí de la ciudad para dormir de nuevo a la intemperie. Escogí una zona de viñedos, donde residían muchos alemanes jubilados dedicados ahora a cuidar (o cuidasen) de sus parcelitas. Okupe una de las parcelas donde aún no habían comenzado las obras de la futura casa. Fue una noche muy ventosa, que fortaleció la calima de esos días, y ensució mi cara y pulmones por momentos.

12- Agosto:

Me costó mucho dormir por culpa de la tierra levantada por el viento. Al despertar mi saco estaba rojo de toda la arcilla que esparcida al aire. Recogí y mientras comenzaba a caminar me mentalicé del consumo racionado de agua que ese día debería llevar a cabo, pues era una etapa larga, que en su mayor parte pasaba por zonas volcánicas despobladas donde no podría conseguir nada para beber. El sol pegaba fuerte y la calima impedía aprovechar el aire como los pasados días. Afortunadamente, no había desniveles intensos, ni barrancos que subir o bajar. El plan era quedarme a dormir aquel día en casa de una amiga de Paula, pero al no conseguir contactar con ella, continúe hasta el final de la etapa. Llegué a Fuencaliente, contento de haberle sacado partido a mis 1,5 litros de agua durante las 6 horas que duró la caminata. Era domingo, no podía comprar comida en ningún comercio, y además España jugaba contra EEUU la final de baloncesto en los JJOO: ese día comía en un bar como homenaje personal. Quedaban dos horas todavía para el partido, decidí esperar hasta entonces para entrar en un bar a comer. Pero mientras esperaba fuera, se me acercó un lugareño, típico hombre de bar que sale fuera a echarse un cigarro, y se puso a hablar conmigo. Tuvimos una conversación graciosa, porque el tipo, sin haber caminado en su vida (cosa que él mismo reconoció) infravaloraba el viaje que me estaba pegando a lo largo de la isla. Incluso me dijo de ir lento, y no haber acabado antes de dar la vuelta a la isla. También se alegró mucho de que viniera de Madrid, ciudad que le encantó cuando hizo la mili. Tanto le gustó, que me quiso invitar a una cerveza por ser de Madrid. Acepté encantado. Lo que no preví fue que, como hombre típico de bar, todo lo dejaba fiado al camarero, y este se enfadó con él por pagar mi cerveza pero no pagar su vino. Tanto se enfadó, que le echó del bar. Imaginaos, el pobre hombre fuera del bar, mientras yo me quedaba en el bar tomando la cerveza que él había pagado. Me sentí mal, pero por otra parte, no tenía la culpa. Pensaba haber invitado yo a la siguiente ronda, pero es que no aguantó!! Tras 3 horas en el bar, el balance fue 5€ de dos cocacolas y un bocadillo, añadido a la derrota de España. Me eché unas risas con la gente del bar, especialmente con un rasta (son los mejores ;P) y me fui hasta un pinar para pasar la tarde y la noche, antes de mi penúltima ruta.

sábado, 6 de octubre de 2012

La Palma VII. Tijarafe


Día 10-Agosto:

Vale, he aprendido que dormir en un acantilado no es bueno. No por el peligro de caerte al vacío, ya que tomé mis precauciones y dejé una distancia considerable y bultos de seguridad en el camino, sino por el tremendo viento que hace. No pude dormir apenas, eso sí, disfruté de una noche preciosa. Justo cuando me estaba quedando dormido, amanecía. El día anterior medité quedarme un día más allí, pero el enfado mañanero por la falta de descanso ni lo consideró. Recogí rápido y me fui.

La jornada fue bastante mal. No por la dificultad, sino por el calor y de nuevo los extravíos. Era un bajón moral cada vez que no sabías donde tirar, o cuando te dabas cuenta que tenías que retroceder de nuevo.

Acabé entrando en una comuna de hippies (por fin los hippies de los que me habían hablado!!) en Buracas. Una sorpresa agradable en esta jornada tan mala. Eran en su mayor parte alemanes mayores, todos muy afanados en sus tareas: arreglar el huerto, hacer artesanía, preparar café para los turistas, etc. Además, en Buracas hay restos arqueológicos de los benhaoritas (población prehispánica). Me dio agua una mujer con el pelo canoso peinado en rastas. Era muy agradable, y cuando me llevaba hasta la fuente vi a una chica vendiendo objetos artesanos que me dejó hipnotizado. No solo era bellísima, sino que su sonrisa te confesaba como la belleza más radiante es la que sale de dentro, y no la que añadimos desde fuera. A su lado había un chico arreglando una pared con adobe, al mismo tiempo que se fumaba un porro y escuchaba a Bob Marley. Me dejó encantado aquel ambiente y salí mucho más animado de allí.

Al rato me volví a perder, y me senté en una sombra cerca de la carretera. No podía más. Ni físicamente ni psicológicamente. Reflexione un rato, hice las paces conmigo y con el camino, y me levanté de nuevo: solo los fuertes sobreviven. A los 10min aparece un coche, y cuando le paro para preguntar el camino a seguir, resulta que es el chico de la comuna que arreglaba la pared y me invito a subir al coche. Bendito karma :)

En el coche encontré, un rottweiler manso babeándome en el hombro, suciedad por todos lados (incluido el conductor) y olor a cannabis como ambientador. Hablamos de todo un poco: de la comuna hippie (de la que él no formaba parte), de la crisis del plátano, opciones de futuro... Pasamos Puntagorda hasta llegar a Tijarafe. Allí me dejó, y tras comer en una plaza un par de latas, y cargar el móvil en un bar, me puse de nuevo en camino para buscar el sitio donde pasar la noche.

Comencé por seguir la Ruta del día siguiente, y al cabo de un rato vi un cartel que indicaba otra ruta, local, hacia una playa. Me pareció buena idea y avancé por ella. Al cabo de hora y media de camino tortuoso y en pendiente llegué a la desembocadura de un barranco, que allí llamaban playa: la Playa del Jurado. Estaba casi atardeciendo y me dí un baño aprovechando esas últimas luces. Algunas personas que allí andaban charlando y fumando me miraban extrañados, imaginando quién sería ese chico, venido de no sé dónde, y acompañado de mí mismo y una mochila de viaje. Hablé con ellos, y se sorprendieron de lo qué estaba haciendo. Incluso me preguntaron si había salido en tv. Pero no, luego confirmó uno de los asistentes que el qué había salido en la tv hace unos días era un hombre que, como yo, estaba dando la vuelta a la isla, pero en barco (así mejor, pensé).

La gente que allí había eran personas que veraneaban en las casitas construidas en las paredes del barranco. Yo me quedé en lo que parecía una casa donde se encontraban todas las llaves de luz y de agua de las demás casitas. Encontré un somier oxidado, pero capaz de mantenerse en pie. Coloqué la esterilla encima, y sin saco ni nada, me puse a dormir encima.

miércoles, 3 de octubre de 2012

La Palma V. Santo Domingo de Garafía

Playa de Santo Domingo de Garafía. Fuente: www.la-palma-kanary.com.pl

Día 9-Agosto:

Con la primera luz del alba, desperté, y sin concederle tiempo a la pereza me preparé rápido, ese día iba a ser duro. Me faltaba comida, tampoco quedaba mucho agua en la botella, y faltaban barrancos que cruzar. Sin embargo, mi moral y actitud se habían vuelto más positivas y calmadas con el paso de los días, y eso hizo que no sufriera tanto durante la jornada.
Atravesé bosques preciosos, tramos muy áridos con alguna que otra casa aislada y rebaños de cabras que me miraban con suspicacia.

Por fin llegué a Santo Domingo de Garafía, y allí compré comida para varios días, y un pastel como regalo personal. Al colgarme la mochila, noté como el hambre me había jugado una mala pasada comprando tanto. Tras salir de la tienda, siendo las 14h, decidí encontrar el lugar donde comer y pasar lo que quedaba de día. Me indicaron que bajará a "la playa". 5km con una inclinación cercana a los 60º de camino... Llegué a unos acantilados muerto de cansancio y calor, pero llegué. Allí encontré casetas construidas por los aborígenes de la isla, anteriores a los conquistadores españoles, que habían sido remodeladas por pescadores y habitantes del lugar con el paso del tiempo. Las vistas eran maravillosas, con el mar de varios azules debido a las diferentes profundidades y vegetación del lecho marino. Me recordaba a las películas de piratas y corsarios. Tras comer y descansar un poco en un resquicio del acantilado, bajé hasta una piscina natural. Más que una piscina natural, parecía un escondite de sirenas para escapar de las olas en tiempos de tormenta. Algas submarinas, peces de colores, y una poza en el centro que invitaba a tirarte de cabeza cada dos por tres, eso era lo que allí encontrabas. Y para qué quería más!!. Volví a "mi sitio" e inspeccione el lugar para decidir donde dormiría llegada la noche. Observé que la mayor parte de cabañas estaban abandonadas, y a su vez, habían sido usadas como vertederos y baños imprevistos. De ellas brotaba un hedor insoportable y basura por todos lados. Una auténtica pena. Las cabañas ocupadas pertenecían a gente que las usaba como lugar de veraneo. tenían agua y luz que ellos mismos habían traído desde el pueblo con cables y tuberías. Me sorprendió un hombre, que vivía allí todo el año. De unos 40 años se le veía reservado y un poco gruñón. Vivía con dos perrillos que no dejaban de ladrar a todo extraño. Me pregunté si a pesar del esplendido paisaje y la pesca que allí pudiera encontrar, no se vería privado de necesidades sociales y humanas. Me pasé la tarde leyendo, viendo a los pescadores submarinos bucear, y dejándome observar por unas niñas que estaban veraneando en una de las cabañas con sus abuelos. Creo que tuvieron que flipar al verme llegar con mis pintas, y luego al verme mis preparativos para pasar la noche al borde del precipicio.

jueves, 20 de septiembre de 2012

La Palma IV. El Tablado



7- Agosto:

Los rayos de sol y la marea fueron la alarma del despertador. Un despertar suave, cómodo. Nada que ver a mi rutina urbana. Sin embargo, esa vez me preparé rápido: no quería que me pillase el toro de nuevo. Estaba cansado de la tremenda caminata anterior, y quería terminar pronto la etapa que me tocaba ese día. El comienzo, la subida de Las Piscinas de la Fajana hasta Barlovento fue duro: casi 2 horas de ascensión, además de perderme un par de veces gracias a las típicas indicaciones "muchacho, vas para allá y luego subes por allí". Pero ese día me encontraba fuerte. Anímicamente quiero decir. A pesar de las contracturas en la espalda, y de perderme cada 2 por tres, estaba feliz. Me sentía tremendamente libre. La ruta atravesaba paisajes maravillosos. De vez en cuando llamaba a las puertas de alguna casa para que me dieran agua, y continuaba por los senderos. Muchas veces me tocó preguntar a la intuición cuál senda tomar, y es que como en la vida, durante la jornada se me presentaban opciones, sin ninguna pista por la que decantarme objetivamente. Tras 4,30h de viaje, llegué a El Tablado. Una aldea pequeña en norte de La Palma, justo en el medio, ya que en la punta del nordeste se encuentra Barlovento, y en la punta del noroeste se halla Santo Domingo de Garafía. Era una aldea muy pequeña, y fue allí donde conocí a una anciana entrañable. Al preguntarla por donde continuaba el camino, no solo me indicó amablemente, sino que me dio agua, fruta y sus bendiciones. No sé por qué, no me olvidaré de ella. Justo al doblar la esquina, saliendo de la aldea, vi una casa abandonada que me "llamaba". Se convirtió en mi hostel. No sé, me daba buena química, y el paisaje que desde allí tenía era espectacular. Hablé con mis padres por teléfono y me disculpé por haber estado tan irascible los días anteriores. Pensé un poco sobre mi vida. Las cosas que he de aceptar ocurran, y tratar de llevarlas lo mejor posible. Me relajé. Más tarde, eche el aislante y el saco de dormir al suelo de la terraza. Eran las 20h, y la caída del sol me aconsejaba dormir. Si os preguntáis por qué no quise dormir dentro de la casa, os diré que por respeto. Tenía claro, que en una casa abandonada de la cuál no conozco su historia, no debía dormir dentro. Puede que también sea algo supersticioso, he de reconocerlo.

8- Agosto:

Desperté con la clara convicción de no caminar. Me tomaría el día libre. Haciendo cuentas de los días que iba a pasar en La Palma, me sobraban días para caminar todas las rutas que quería, y además el cuerpo me pedía tiempo muerto. Me pasé el día leyendo, pensando y hasta di una vuelta por el pueblo y las inmediaciones del Camino. No paraba de recordar aquellas comunas hippies de las que me habían hablado en Sta Cruz, podía encontrarme por el norte. Mientras Paula me contó que eran gente muy maja, generalmente alemanes jubilados, que vivían en cuevas y trabajaban con artesanía, agricultura y pesca, una amiga suya me había avisado que muchos de ellos estaban locos y hasta hacían rituales de magia negra. Tenía una especie de curiosidad miedosa por encontrarlos, ya que hasta el momento no vi a nadie. Pregunté a la gente de El Tablado, pero ellos no sabían nada... Al final del día, conocí a una pareja: una chica de barcelona y su compañero, de Alemania, que también estaban caminando por la isla. Sin embargo se notaba que no viajaban en "mi mismo rollo". Por lo que me dijeron, iban cargadisimos de equipaje, y muchas veces cogían buses o hacían autostop. Los dos tenían una estética muy rara: él llevaba en el tabique de la nariz 4 piercing, y unos dilatadores enormes; su cabeza estaba rapada entera, menos la parte delantera en la que tenía un par de rastas muy descuidadas; ella tenía rapada media cabeza, y la otra con el pelo largo; en su ropa veías todo tipo de colores, y ambos llevaban los pies más negros que el betún. Me preguntaron si estaba okupando la casa y si había tenido problemas con las ratas. A ambas cosas les dije que no. Me explicaron que ellos si habían tenido problemas con las ratas en el barranco donde estaban acampando, hasta el punto que tenían que subir la comida a los arboles. Me extrañó, porque yo ni siquiera había visto una. Imagino que tal vez eran un poco sucios y habían dejado materia orgánica alrededor de su zona de acampada, además de situarse en un lugar bajo donde todas las alimañas salen por la noche. Eran unos personajes muy graciosos la verdad. Especialmente el alemán que de poco se enteraba pero le ponía unas ganas que no veas. Me despedí de ellos, y mientras me preparaba para dormir, me di cuenta de la poca comida que me quedaba. Al día siguiente no solo tendría que preocuparme por los hippies del vudú, sino por conseguir algo de comer.

lunes, 17 de septiembre de 2012

La Palma III. Primeras jornadas:de Sta Cruz a Barlovento

Puente entre San Andrés y Los Sauces. Fuente:  educacionfisicarivero5.blogspot.com

5 de agosto:

Tras escuchar como Paula deja la casa para irse a trabajar, a eso de las 7h, me levanto y me preparo. Hoy será mi primer día de camino por la ruta 130- Camino Real de la Costa. Salgo de Sta Cruz con la mochila cargada y fuerte de ánimos, pero a los 40 minutos ya intuyo que me he perdido. A falta de sendero sigo por la carretera, y al preguntar por el Camino, me mandan por una pista de unos 75º de inclinación ascendente. Subo cagándome en el peso de la mochila, en la falta de indicaciones, y más tarde cuando descubro que había un atajo mucho más sencillo por el que llegar al Camino, me cago también en las indicaciones del gasolinero. Continuo, y cada dos por tres tengo que preguntar a la gente si voy por el camino correcto. Los carteles de referencia brillan por su ausencia. Al cabo de 3 horas llego al destino teórico de la primera etapa: Puntallana. Comienza la búsqueda por un lugar donde dormir. Bajo en dirección a la playa Nogales, la cuál me aconsejan por estar cerca y ser bonita (más tarde supe que era una de las más peligrosas, habiéndose cobrado sus corrientes submarinas más de una vida). A los 20 minutos confirmo que la gente que usa el coche más que los pies, son justo aquellos a los que suelo preguntar, ya que la playa se encuentra a 5km, es decir, alrededor de una hora caminando. Teniendo en cuenta que ya llevaba 3 horas caminando, hacía mucho calor, y era mi primer día, está claro que no era "un ratito" como me habían indicado. Así que tras coger un sendero el cual indica hacia el destino de mi segunda etapa, encuentro un merendero de espaldas a la carretera que me parece perfecto para mi primera velada al raso. Me paso toda la tarde pensando y leyendo, y al llegar la noche coloco el aislante sobre una de las mesas del merendero para dormir a cierta altura del suelo (cosa que aprendí en Brasil, y que es totalmente innecesaria en La Palma, pero que queréis, dormir al aire libre al principio asusta xD). El cielo estrellado,a pesar de la luna llena, me duerme por fin.

6 de Agosto:

Me despierto con la luz del amanecer y gotas de rocío. Tranquilamente recojo todo, como algo y leo en la guía de viaje consejos sobre la jornada que me espera (no quiero perderme tanto como el día anterior). Comienzo a andar y empiezo a pensar en buscar un palo que me sirva de apoyo y al mismo tiempo de defensa hacia algún peligro. Nada más pensar esto, salen a mi frente 3 perros vagabundos gruñéndome... Al principio reculo para atrás pero al ver que eso les hace animarse, cojo un par de piedras y comienzo a lanzarselas con más miedo que otra cosa. Funciona. Los perros huyen. 2 segundo más tarde, ya ando con un palo en la mano. Camino por muchas plataneras y pequeñas aldeas. Justo antes de llegar a San Andrés, con ayuda de las confusas indicaciones, me pierdo en zona de plataneras. Estoy sin agua, con un sol de muerte, y nadie por ningún lado por más vueltas que doy. Comienzo a ponerme nervioso tras 30 minutos sin saber donde ando. Al rato veo dos campesinos, los cuales me indican el retorno al Camino, y me dan agua y una papaya. Creo que les di pena. Continuo caminando, ya llevo 2 horas. Me encuentro a ancianas y ancianos quienes me dan agua y me guían por la ruta, la cual a veces se vuelve muy peligrosa, descendiendo y ascendiendo barrancos al limite del precipicio, con la piedra del suelo resbaladiza, y la vegetación impidiéndote ver donde pisas. Finalmente llegué a Los Sauces, objetivo de la segunda etapa. Estaba en un punto siguiente al del cansancio. Comí algo en una sombra. Masticaba muy despacio para hacer creer al estómago que comía mucho, y así engañar al hambre (no podía cargar con mucho peso de comida la mochila porque luego me cansaba más rápido). Tras descansar 45 minutos, de nuevo me preparé para buscar un lugar lejos de la ciudad donde dormir. Con la tontería, me motivé y decidí intentar alejarme todo lo que pudiera de Los Sauces, acercarme lo más posible al ecuador de la siguiente etapa. Y vaya sí lo conseguí, a las 18h llegué a Barlovento. Pero no acabó en tal ciudad la jornada, pues como dije, no quería dormir en núcleos urbanos, prefería el campo o la playa, así pregunté por las Piscinas de la Fajana, y uan vez más me mintieron diciendo "por ahí abajo, en nada llegas". Joder, menos más que estaba cerca y era bajando, tardé hora y media. Sin embargo, a pesar de ser mi peor jornada de toda la ruta, he de reconocer que dormir en aquellas piscinas naturales, mereció la pena. Ver el atardecer desde el banco de piedra que luego se convertió en mi lecho, fue maravilloso.

viernes, 14 de septiembre de 2012

La Palma II. Llegada a Sta Cruz

Plaza de Santa Cruz de La Palma. Fuente: www.turismohispania.com

Día 3- Agosto:

Tras 18h de viaje en barco (ya que hace una parada en Tenerife de nada más y nada menos que 6 p..t.s horas) llego al puerto de Sta Cruz de La Palma. Al despertar veo dos sms de Paula confirmandome mi recogida en el puerto (por fin, biennn!!!). Salgo del barco y espero a que venga. Tras una hora se acerca una chica con una perra pequeña, es ella. Vamos a tomar un café, nos presentamos un poco, etc. Me lleva a su casa: un quinto sin ascensor, sin vecinos en ninguno de los apartamentos colindantes con el suyo. Vive sola con su perrita, y su hijo de 2 años que alterna con ella unos días y otras con su padre (custodia compartida). El piso está un poco desordenado, pero me gusta. Y con ella hay bastante buen rollo. Pasamos el día yendo a la playa y hablando de mi viaje (me ayuda a planificar bien las rutas, y me presta algunos materiales). La encuentro una chica muy extrovertida y autónoma. No paramos de hablar: charlamos de política, de proyectos personales, de consejos que debo tomar durante el viaje, un poco de su historia, un poco de la mía...

Día 4- Agosto:

Despierto temprano ya que esa noche el hijo de Paula se quedó a dormir, y a las 8h como un reloj, se despierta pegando voces. Desayunamos, hablamos otro rato, y nos preparamos. Intento hacerme al niño y a su perra, que aún me miran con cara de intruso (lo que es completamente lógico). Vamos a una playa, que según Paula, es genuina porque solo la conoce ella y poca gente más (creo que intenta hacerme sentir privilegiado xD). Me hace gracia como la pequeña perra aguanta de todo por parte de David (el hijo de dos años de Paula): le tira del rabo, le da golpes en el lomo, le pincha con el dedo en la nariz, le aprieta las orejas, e incluso llegue a verle tratando de meterle los dedos en los ojos!! y la perra nada, ni ladra ni muerde. Aunque se nota que va aprendiendo, porque cada vez que se acerca el niño a ella, se larga. Paula me cuenta técnicas para educar tanto a perros como a niños; graciosa comparación, pienso. Volviendo de la playa, damos el aviso de un incendio (como supe después, e imagino pudisteis algunos de vosotros saber, fue un incendio que duró 4 días, y quemo parte del sureste de La Palma; aunque nada similar a lo que ocurrió en la pobre Gomera). Tras la siesta, Paula "me sugiere" que visite la ciudad por mí cuenta. Y la verdad que me duele, porque hasta ese momento no me había percatado de que igual les estaba resultando un poco pesado a ella y a su hijo. Me voy caminando al pueblo de al lado (Los Cancajos), la zona más turística de la isla junto con Puerto Tazacorte, que se encuentra en el lado opuesto de La Palma. Cuando regreso a casa, sorprendo a Cristina toda arreglada y preparada. Como es sábado, supongo que irá a salir de fiesta con sus amigas aprovechando que esa noche el niño se queda con el padre. Enciendo la tv para ver algo de los JJOO, y al rato me pregunta "¿salimos a cenar o no?", me quedé a cuadros, pues no me esperaba que se hubiera arreglado así para salir a cenar conmigo. Me duché rápido, me vestí todavía más rápido y salimos. Me llevo a un bar venezolano donde servían arepas y cachapas, las cuáles yo nunca había probado y tenía muchas ganas. Me supieron genial, y más tarde supe, que a diferencia de otros lugares, en La Palma, en lugar de bares turcos que venden kebaps, encuentras areperas venezolanas. La verdad que me quedaría con estos últimos lugares ;)


martes, 11 de septiembre de 2012

La Palma I. Salida de Las Palmas

Puerto de Las Palmas de Gran Canaria. Fuente: www.gophoto.it

Tras casi mes y medio de vacaciones, volví a casa. Y lo digo al tiempo que suelto un respiro de descanso, y es que por mucho que me gusta andar de un lado para el otro, al final el cuerpo pide sentar el culo, y hacer algo de provecho. Hablando en plata.

Aunque no soy uno de los bloggeros más prolíficos de la red, reconozco que he echado de menos el no publicar. Y a cada momento pensaba cuál sería la entrada "del regreso". Durante mi estancia en La Palma, fui anotando en un pequeño blog (de papel, no sospechéis de mi fidelidad al bastondewillyfo) lo que me ocurría cada día. Siendo mi intención sacar a la luz tales notas al regresar. Así, creo que siempre que no tenga nada más que contar, en los días siguientes hablaré del viaje que hice este verano, y quien sabe, tal vez incluso le coja el gusto y continúe escribiendo sobre otros viajes que realicé. Pero tranquilos, que más tarde o más temprano volveré a ser el mismo de siempre, escribiendo de nuevo sobre otros pensamientos que me pasan por la cabeza. Y es que, si por algo se han caracterizado estos dos últimos meses para mí, han sido por los quebraderos mentales que he tenido con algunas de las personas que me han rodeado recientemente.

Comencemos pues con mi relato del viaje a La Palma (las personas citadas no aparecerán con su nombre real):

Día 2-Agosto

Me despedí de mis padres en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria, con miedo y malas sensaciones. Al besarles, ni siquiera les miré a la cara, ya que sabía las lagrimas que ello podría provocarme. Entré en el barco casi de sopetón, como de sorpresa, y sin mirar atrás, fui directo a recepción para preguntar por mi butaca. En el lugar reservado para las butacas, es decir, para aquellos que por dinero no habíamos querido/podido pagar un camarote, había una televisión emitiendo una película tras otra, y varias pasajeros tumbados, ya que eramos cuatro gatos para las decenas de plazas que había. Al cabo de 3,30h, tras la inspección visual desde mi asiento del salón, decidí cambiar de sitio y buscar un lugar donde cargar el teléfono. Al menos escuchando música me distraía de mis pensamientos. No podía parar de entrar en el email esperando encontrar un mensaje de Paula (la chica que conocí a través de una red social de viajeros, y que en principio accedió hospedarme y ayudarme durante los primeros días) confirmándome la recogida en el puerto de Sta Cruz de La Palma. Llegó la noche, a ritmo del vaivén que provocaban las olas en el barco, sin poder romper con el miedo que me causaba no saber donde iba dormir, ni comer durante los próximos 20 días. Todo el ánimo y los planes que había hecho para disfrutar de mi caminata por la isla, me parecían ahora mal organizados y hasta peligrosos. Solo podía tratar de dormir, y esperar al nuevo día.