jueves, 15 de marzo de 2012

El gigante-enano

Soy aquel gigante-enano del que hablaba Jorge Bucay en su "Cuenta Conmigo": un gigante, lleno de una energía juvenil que desemboca en actividades de todo tipo, con proyectos de futuro que piensa serán empujados por su "gran" experiencia personal y profesional, orgulloso al hablar en público sobre sus intercambios académicos y viajes al exterior, viéndose, por supuesto, como una pieza fundamental en la elaboración de un mundo mejor... maldito ego... ha tenido que subir a mi cabeza, mi lado enano, echar de ahí arriba al gigante que por un tiempo se había instalado, y gritarme con descaro las puertas que se me cierran al mundo laboral, la poca capacidad que tengo de cambiar las cosas que me rodean, el valor relativo de las actividades que hago, y lo necesario que soy en este mundo (tanto como los demás, os dejo a vosotros interpretar dicho valor).

Llevo unos días, que nada... me ha tocado enfrentarme a la realidad española y dejar de aspirar a un futuro digno de mi voluntad. La esperanza se nubla con cada posibilidad que se apaga. Por más que envío CV´s y solicito becas para el próximo curso realizar unas prácticas con las que conseguiré el título de Licenciado, nadie responde. Justo al final, parece que el mundo se apagó ahí fuera. También para mí sí, igual da la preparación que haya podido conseguir, nadie se salva. Parece que este mundo ya me dio demasiado, y ahora solo quiere recibir... La positividad que vestí durante unos meses, ha aceptado la moda nacional de reflejar su preocupación con cara abrumada ante el futuro... No me veo capaz de aguantar esa presión por mucho tiempo.

No me veo capaz de aguantarla, porque hoy me he descubierto pensando en el sentido de mis actividades, los motivos por los que seguía dedicando energía a algo que no me dará de comer, y mi dependencia económica familiar que no tiene pinta de acabar... Sin darme cuenta he caído en el tedio, y en los síntomas propios de una depresión. A nada le encuentro sentido, ni tengo ganas por buscarlo. Sin pretenderlo, sin quererlo, sin realmente verme empujado a ese estado depresivo, me he dejado poseer por mi lado enano.

He dejado que el tono altivo de mi habla, desarrolle un vocabulario tímido y escaso. Me siento un gigante-enano, una paradoja que camina por un mundo que no necesita mis esfuerzos. Como no me necesita, no me siento parte de él, y así, ni ganas hay por luchar. El sistema se torna sordo y ciego a mi persona, y me vuelvo una planta trepadora que percibe como su capacidad de mantenerse en pie disminuye a medida que crece.

Retrocedo en mis deseos. Doy la vuelta en el camino que creí me llevaría al éxito, y es que ya no estoy tan seguro de que ese sea el final. Las palabras esperanzadoras que coloqué en mi estandarte de presentación, cayeron al suelo y los destinos que creía posible, se funden con la lava de los acontecimientos reales.

Una vez más, me pregunto el por qué de nuestra existencia; en qué invertir la energía mientras estoy vivo; por qué hago lo que hago, y elijo cada día ser lo que soy... Ni en las clases que asisto, ni en el deporte que práctico, ni en la música que toco, ni en las ONG´s donde colaboro, encuentro la respuesta... tal vez no exista un motivo por el qué tengamos que estar aquí, y entonces, pienso en el cabrón que nos dio la capacidad de crear estas preguntas sin respuesta.

Ahora más que nunca, secundo aquella frase de Rosa Montero en su libro “La loca de la casa”: …siempre cabe la duda sobre si lo que haces tiene algún sentido. De ahí proviene en gran medida nuestra fragilidad.

miércoles, 7 de marzo de 2012

El fin no justifica los medios


El pasado miércoles asistí a la manifestación llevada a cabo en Barcelona contra los recortes en Educación. Dudé sobre ir o no, puesto que tenía que ir solo. La poca gente que conocía de mi facultad no iba, y me daba un poco de pereza e incluso vergüenza (¿qué tontería no?yo también lo pensé así finalmente). Sin embargo, decidí ir llegado el momento puesto que las causas de la manifestación eran más que justas, y no me parece bien hacer huelga sin llevar a cabo a continuación protestas de las que los huelguistas se hagan cargo.

No sé si habéis oído algo en las noticias, ya sea en la tv, periódicos u otros medios de comunicación sobre aquella manifestación, pero yo personalmente regresé a casa avergonzado. Avergonzado porque veo que la población española, y principalmente me refiero a los jóvenes (jóvenes que se supone tienen un mínimo de cultura y desarrollo intelectual pues se encuentran en la universidad!!), sigue justificando la violencia con los motivos en los que basa su protesta.

Para introducir un poco lo que quiero decir, haré un pequeño resumen de como se desarrollo la manifestación: la marcha se convocó sobre las 12h desde Plaza Universitat; cuando yo llegué, sobre las 12,30h, la Plaza estaba llena y todo hacía presagiar que la convocatoria y la marcha iba a ser un éxito; allí había no solo estudiantes universitarios, sino también estudiantes de institutos (promovidos por lo ocurrido en Valencia), y también profesores y otros funcionarios del ámbito educativo; todo empezó muy bien, con coros en contra de los recortes vergonzosos que se están llevando a cabo en Ciencia y Educación, y en contra de otros recortes sociales; recuerdo no entender algunos de los coros, así como no entender porque había gente con banderas independentistas catalanas (en una marcha por la educación que nada tiene que ver con la región de la que seas, ¿a qué viene ese orgullo nacionalista?), así como banderas de la república, de Grecia, del Ché Guevara... y perdonadme, no es que no sepa hilar todos esas cosas con la educación, igual hay explicaciones para todas ellas, pero creo que hay que ser un poco más concreto y específico cuando llevas a cabo una protesta, y no pensar solo en tus ideales y sacarlos a la luz aprovechando una manifestación COLECTIVA por otro asunto... pero sigamos; todo iba bien hasta que la marcha llegó a la Bolsa de Barcelona: allí un grupo, bastante grande, de jóvenes con edades desde los 16 años hasta los 30 años, comenzó a gritar insultos y coros ofensivos contra la banca, contra sus empleados y como no, contra la policía que allí se encontraba controlando la situación.... Me indigné porque eso no son formas de manifestarse, y me alegre de haber ido ese día a la manifestación y ser parte del grupo que continuaba andando de manera pacífica por la calzada tratando de separarse de aquellos radicales, que no eran pocos ni muchos menos (y aquí me temo, que tristemente, la cantidad sí importa). Continué con el grupo pacífico de la marcha y al cabo de 1h se escuchaba como la policía, que se había esperado a que pasasen los manifestantes pacíficos para hacer la carga, estaban disparando balas de goma; se escuchaban sirenas por todos lados, cundió el pánico y el nerviosismo, y al mirar atrás se veían los gases lacrimógenos amenazando con las porras agresivas de los mossos que los acompañaban... comencé a correr para irme de aquel lugar.

Más tarde vi imágenes como la que he colocado arriba... No paro de pensar como podemos seguir así: usando la violencia para protestar por un ideal. Cuando la gente crítica la violencia policial o de otras fuerzas del estado, y luego hace cosas como las que se pudieron ver el pasado miércoles en Barcelona, pierde para mí todo mi respeto, y la coherencia de sus argumentos.

Para protestar y lograr un cambio la violencia casi nunca sirve. Y pongo el "casi" porque reconozco que habrá situaciones en las que la violencia como acción defensiva no tenga otra alternativa de respuesta. Pero aquí, en España, en el momento presente, no creo que sea el caso. Claro que sigue habiendo injusticias, claro que la situación es dura y hay que luchar por cambios y por nuestros derechos, pero hay que recordar que todo eso hay que hacerlo con el respaldo de la mayoría ciudadana. Sin embargo, todos sabemos que el gobierno que tantas recortes está imponiendo, ganó por mayoría absoluta (¿unas elecciones injustas debido a las leyes electorales antidemocráticas? estoy de acuerdo, pero aún así nunca el PP había tenido tantos votos).

Por tanto, cuando llevamos a cabo una protesta, no tenemos que llevar en mente el hecho de cambiar a los que ostentan el poder en nuestro país, sino a aquellos que le dan el poder: a la ciudadanía española, al pueblo ( a los que les votan, a los que engordan la proporción de los partidos grandes votando en blanco, o los que se abstienen). Y para ello, no se puede tirar piedras, porque están cayendo en nuestro mismo tejado y lo que conseguimos es una mala reputación que se traduce en el rechazo de aquellos que necesitamos para lograr el cambio!! y que encima recibiremos más porrazos en la calle. No se puede lograr un cambio de esa manera, utilizando la violencia. Tal vez sirve para desahogarnos, pero ese no debería ser el motivo para convocar una manifestación ciudadana.

El que justifica la violencia de los estudiantes contra las fuerzas de seguridad, también podría justificar la viceversa. La violencia es solo una serpiente que se muerde la cola y nunca queda saciada. Una lástima ver como las nuevas generaciones, los jóvenes, no hemos aprendido el dolor por que el pasaron nuestros abuelos y padres, por culpa de eso mismo: querer imponer un cambio a base de fuerza, y no a base de palabras y apoyo mayoritario.

viernes, 2 de marzo de 2012

Nacionalismos I. No me tires de la lengua


Cuando mis familiares y amigos me preguntan estos días, qué tal con el catalán, no puedo evitar que me hierva la sangre. De 4 asignaturas en las que estoy matriculado en Barcelona, solo un profesor se ofreció a dar la clase en castellano (preguntó a los demás alumnos antes para confirmar el visto bueno de ellos) teniendo en cuenta que vengo de intercambio y no lo hablo todavía (entre mis prioridades está aprender catalán). Los otros 3 profesores hicieron caso omiso de mi desventaja (al inicio de la primera clase les hice saber que era un alumno séneca de Madrid, y que aún no "controlaba" el catalán) y dan la clase en un idioma que saben no comprendo. Trato de no desanimarme en clase, pensando que como el castellano y el catalán son parecidos lo aprenderé en un mes más o menos, pero me da rabia ver como usan su lengua como vía de exclusión y no como vía de comunicación, haciéndome perder sus explicaciones durante el tiempo que aprenda su idioma.

Ellos ignoran mi traba, e incluso uno de ellos al que directamente pregunté si podía dar la clase en castellano (aunque fuera el primer mes) ya que no había conseguido atender sus explicaciones durante las 4 primeras clases (intenté comprender las clases en catalán antes de pedir que las dieran en castellano), me negó mi petición diciendo "por un alumno no voy a hablar en castellano".... No sabía si reírme o echarme a llorar.

Esta claro que porque dieran la clase en español, no causarían ningún perjuicio a los demás estudiantes. Esta claro que no trato de menospreciar su lengua, ya que siempre recalco el derecho y deber que tienen de hablar el catalán y mi voluntad por aprenderlo rápido. Pero lo que no parece esté tan claro, es que también tienen la obligación (y el derecho) de conocer el castellano, y de que su ética profesional como profesor les debiera empujar a intentar que sus explicaciones y lecciones llegasen a cada alumno de sus clases. Hacer todo lo posible para que tus alumnos aprendan (por supuesto dentro de unos parámetros lógicos) debiera ser la motivación de cada profesor.

Pero aquí no, aquí parece es más importante hablar el catalán que permitir a un alumno de intercambio (en su propio país) atender a las clases de la misma manera que los demás. Es más importante, hacerle saber a ese alumno, que tiene una desventaja, que es diferente, y que va a pagar por ello. Aunque no fuera necesario pagar tal precio.

No sé en que piensan esos profesores cuando me niegan el derecho a seguir sus explicaciones. Tal vez lo que quieren es defender su lengua, que perciba su fuerza y su deseo de que continúe presente en la sociedad, pero no se dan cuenta que así no lo están consiguiendo.

El catalán es un idioma, que claramente no va a desaparecer en un futuro próximo: la escuchas en la tv, en la radio, en la calle, en las escuelas se les enseña a los niños, los anuncios de supermercados y otros rótulos están en catalán... está presente y no necesita que la defiendan de esa manera ante los "extranjeros"!!

Para mantener una lengua, debe existir un valor/motivo por el que hacerlo, y el valor del catalán reside en su aspecto cultural e histórico, pero tratar de mantenerla viva haciéndonos creer que es una necesidad para integrarnos en su sociedad es absurdo y xenófobo. Es un hecho que el catalán no es una lengua necesaria desde el punto de vista comunicativo (en el mundo actual pocas lo son, salvando el chino, el español, y el inglés, contando que con la globalización en un futuro serán incluso menos). Eso no significa que deje de ser importante, pero sí supone una ética a la hora de dirigirse a alguien que desconoce esa lengua minoritaria, ¿qué comportamiento es ese de excluirme simplemente porque no hablo una lengua de una región por la que estoy de paso? Cuando nos niegan el derecho de comunicación de tal manera, lo único que consiguen es una imagen de sociedad cerrada con falta de criterio y asustada ante el mundo exterior. Qué puedo sentir yo, hacia una persona que hablando dos idiomas (oficiales ambos: derecho y obligación de su conocimiento), y sabiendo que no he tenido tiempo de aprender una de ellas, me habla justo en la que sabe no conozco: claramente, me lo tomo como una falta de respeto.

Yo, que he venido aquí tras pasar por varios países; que tengo muchas ganas de conocer el mío y para ello quiero contar con todas sus regiones; que quiero luchar contra los prejuicios nacionalistas que nos dividen; que soy el primero en reconocer las diferencias que nos atañen pero al mismo tiempo pienso que nuestros parecidos son mayores y más fuertes; me he vuelto a topar con personas que no aceptan las diferencias, y prefieren su grupo pequeño y homogéneo, al grupo grande y diverso.

lunes, 27 de febrero de 2012

Entrenando la introversión


Dos semanas después de mi llegada a Barcelona, acepto que: mi adaptación está siendo difícil.

Básicamente porque me está costando mucho conocer gente y hacer amigos. Me siento solo, y cuando pienso cuáles son las causas de mi problema para conocer gente en esta mi nueva ciudad, se me ocurren varias cosas: la gente en los últimos cursos de carrera no coincide en todas las materias (falta de tiempo para conocerse) y están muy preocupados/concentrados en las pocas que les quedan para acabarla (falta de ganas para conocer gente nueva) lo que me perjudica de manera directa. Además, si la gente tiene que hablar con alguien, lo hace con los que ya conocen, y no con el "nuevo" (demasiado trabajo, pienso, debe causarles). Por mi parte, me encuentro la barrera de los grupos ya formados, la sensación de indiferencia que siento en mis compañeros de clase para hablar conmigo, y la traba del idioma (llama la atención hablar en castellano donde todo el mundo habla en catalán).

Durante mi año erasmus en Suecia me resultaba más fácil conocer gente. Aunque había gente más mayor, muy motivada en los estudios que realizaban, muchos de nosotros eramos extranjeros y nuevos, y eso ya era algo que compartíamos a la hora de iniciar conversación.

En Sao Paulo, yo era el único estudiante extranjero de mi clase y todos se conocían entre sí, pero allí la gente es más sociable y sienten curiosidad por los nuevos. Nunca tuve mejor acogida por parte de gente desconocida.

Por el contrario en Barcelona, a mi pesar (ya que tenía muchas ganas de pasar un tiempo en España tras un año y medio fuera, y todo el mundo me decía que Barcelona era para mí), no me estoy sintiendo integrado. Ni soy atractivo como en Sao Paulo lo era por ser extranjero, ni encuentro facilidad con la gente para iniciar conversación (ellos conmigo debe ser que tampoco).

El primer día cuando me vieron dirigirme al profesor nada más entrar en el aula, la gente calló y oyeron como explicaba que era un alumno de intercambio, que necesitaba este y otro papel para entregarlo en secretaría... Percibí como la gente susurraba que era de fuera (y al mismo tiempo de "dentro"). Me sentí observado y pensé que a continuación alguien se acercaría preguntando de donde venía, o porque había venido a esa universidad... cualquier cosa... pero nada. Solo en una de las asignaturas, al decirle al profesor que era un alumno séneca, una chica comenzó a hablar conmigo al volver a mi asiento diciéndome que ella también había venido de intercambio séneca desde valencia... sin embargo con ella solo coincido 2 horas a la semana... Intenté más tarde hablar con una chica con la que coincido en tres asignaturas (de 4 totales), pero me di cuenta que no tenía muchas ganas de hablar, y se marchaba rápido de las clases al terminar, lo que no me dejaba opción para continuar la conversación iniciada al comienzo de la clase.

Todos los días (salvo en las dos horas que coincido con la valenciana) es la misma rutina: acaban las clases, y me siento en el pasillo a navegar con el móvil mientras veo a la gente salir hablando cosas en un idioma que no consigo entender (para mí desesperación), tomando el sol y comiendo algo juntos en el césped.

Me encuentro solo, y eso es algo que me deprime, ya que siempre he sido muy sociable y no estoy acostumbrado a pasarme todo el día sin compañía.

Lo más curioso de este asunto, es que el primer día me sentía más solo que el segundo, y más el segundo que el tercero, y así con el pasar de los días, hasta que he llegado a un punto donde comienzo a encontrarme bien sin nadie. Paso las 6 o 7 horas en la universidad sin hablar con nadie excepto lo imprescindible, sin volver a caer en la sensación de soledad y tristeza. Recordé entonces como un amigo que tenía problemas de timidez, me habló una vez sobre una técnica para mejorar la extroversión, y reflexiono si no estaré yo entrenando, debido a que mis circunstancias me han empujado a ello, mi introversión... No me hace ninguna gracia la verdad, pues no es una característica que aprecie, pero así están las cosas en la ciudad condal.

sábado, 11 de febrero de 2012

Valentín, dejáte de joder!


Las relaciones de amor, donde las parejas son sinceras el uno al otro y viven felices para siempre, son una utopía. Aquellas donde no hay/hubo mentiras, ni infidelidades, ni faltas de respeto o ilusión, se encuentran en las películas y los cuentos. Me temo que nuestro mundo actual, donde es más importante lo que se tiene que lo que se es, ha producido relaciones de amor artificiales propias de vidas artificiales.

Que no me digan que soy un pesimista, que solo tuve malas experiencias con las chicas que conocí, y no por ello debo perder la autoestima o la confianza en las futuras chicas que conozca. No estoy solo en la tierra del amor hipócrita y débil. No soy el único al que le pasaron malas experiencias, ni lo seré. No soy una victima del desamor, lo soy del amor que abunda hoy en día. El desamor ya no es lo contrario del amor, es solo una de sus consecuencias, como lo es el apego o la pasión. El amor de hoy es tan ambicioso que abriga lo bueno y lo malo. Amor no es sinónimo de felicidad, y mi confianza en él se fue por el retrete, por culpa suya de no enseñarme a reconocerle.

Este nuevo amor que corre por la vida ya no es aquel que pintaban los renacentistas, ni de los que cantan los ilusos de guitarra en mano, no es bonito, porque esconde una cara fea que al fin he descubierto . Alegra y hace sufrir simultáneamente. Un amor de una fuerza tan grande que nos supera, viendo cometer estupideces de toda índole: tanto tiernas y conmovedoras, como crueles y despiadadas. Corresponden a un amor omnipresente que te da alas al mismo tiempo que te deja caer contra el suelo sin protección.

No envidio ya aquellas lindos enamorados que se despiden cariñosamente en la estación de tren, porque luego ves como tienen los mismos problemas que todos. No conozco la solución al vacío de amor que siento, pero sé con seguridad que el remedio no está en emparejarse o quedarse soltero. El problema del amor seguirá del mismo modo, porque es un problema en sí. Nos confunde y causa ansiedad, solos o emparejados.

Si dos personas consiguieron mantenerse juntas hasta el final no fue porque el "amor los ayudó a estar unidos", sino porque comprendieron que el amor perfecto no existe. Que los amores que en este planeta encontramos desilusionan y causan tristezas, además de esos pequeños momentos de alegría que nos prohíben vivir rechazandole en nuestra vida. Somos parte del amor, y por tanto, nacemos con el problema y necesidad que él mismo acarrea.

Es una droga escasa en el mundo, que al tocarte te deja adicto y no da para conseguir más ni mejor dosis. Por eso, los que cumplimos aquella edad en la que el amor ya nos pinchó la vena, andamos por el mundo babeando por una dosis más fuerte que la primera. Una dosis de amor que nos haga olvidar el mono que nos dejó la anterior, o demoré la muerte de pasión que por unos momentos tu novi@ frena.

Para ese amor parte vital pero pequeña, de la felicidad.

Para ese amor Luxemburgo, entre Soledad y Libertad.

martes, 7 de febrero de 2012

Querid@ cobarde


Pienso que en esta vida, aquellas acciones que decido llevar a cabo y finalmente no realizo, se deben básicamente a dos motivos: cobardía y pereza.

Para mí, y supongo que también para vosotros, ninguno de ellos es justificable para esconder bajo su soga mis deseos e iniciativas por llevar mi camino en el sentido que quiero darle, pero ahí están los dos, complicándome la vida un poco. Es parte de ser humano, supongo, pero no quiero darles de esa manera una justificación.

Hoy, no quiero escribir sobre ambas cosas, y lo difícil que a veces me resulta vencerlas, sino que quiero centrarme en la cobardía, y su enemiga (nuestra amiga), siempre a la espera, la valentía.

Por suerte o mala suerte, los años anteriores me ha tocado conocer personas cuyos miedos y falta de coraje me han causado mucho daño y dolor. En consecuencia, he conseguido ganar una valentía que no se debe más que al miedo que le tengo a la cobardía. La razón de ese coraje que ahora disfruto puede no parecer de lo más noble o elegante, pero continua siendo un coraje práctico que me ha dado libertad y experiencias maravillosas.

Sin embargo, al perder el miedo a caminar, a hablar, a actuar... gané otro: tengo miedo a los cobardes. Y digo que me asustan los cobardes, porque al contrario de las decisiones que no realizamos por pereza, las decisiones que no realizamos por cobardía afectan/afectarán a las personas de tu alrededor. Como habréis podido suponer, sí, es mi instinto de supervivencia quien me aleja entonces de las personas cobardes y el abanico de consecuencias que tienen sus decisiones no tomadas. Incluso cuando conozco alguien que me dice ser cobarde solo cuando su decisión no afecta a nadie más, me quedo pensando hasta qué punto su cobardía no es más fuerte que él/ella, pues si es capaz de alejarle de sus propios deseos, ¿por qué no habría de alejarle de mí cuando sea yo quien requiera por su parte un acto de sinceridad y/o valentía?

La cobardía no solo es una barrera a nosotros mismos, sino que es un ataque a los demás. Y el ataque resulta más doloroso, cuando ambos sabemos que siempre se pudo escoger: se pudo escoger por la valentía. Para llegar a ser una persona, en su sentido más integro, no puedo dejar que la cobardía me limite de esa manera. Como no debo permitir que incluso afecte a las personas que me rodean. Si sé que con mi decisión puedo causar un dolor a alguien, más me importe el coraje y la verdad de esa acción, que el estancamiento en una mentira cómoda.

No puedo pensar tampoco en que puedo ser cobarde en esto y valiente en aquello, pues ambas maneras de ser no son compatibles. Es mi deber, y mi derecho reivindicar del coraje de mis decisiones. Hacer de la valentía una actitud, para lograr no solo mi libertad personal, sino contribuir a la libertad de los demás.

domingo, 29 de enero de 2012

Amigo, esto queda entre yo y mí

Deje de estudiar, o más bien de intentarlo, y fui al baño a beber agua. Levanté la cara hacia al espejo tras refrescarme y ahí estaba, ese cuerpo que parecía ser ajeno a lo que dentro se encontraba. Ignoraba que yo sintiera tristeza o alegría, solo era una manifestación física de un alma que a veces creía vivir en un mundo aparte. Pero no, alma y cuerpo convivían en el mismo espacio y tiempo, aunque a veces no llegarán a entenderse. Ellos eran yo, y yo era ellos, en plena confusión de términos parejos.

Alma era miedosa, siempre buscando esa magia, ese "algo" que se ve en las películas, se lee en los libros, o se escucha en las canciones. Que se siente pero no puede verse ni tocarse. Buscaba una esencia que llenará aquel vacío al que se sentía atada.

Cuerpo era más sencillo. Trataba de dejarse llevar por sus instintos, pero como caballo que tira del carro, solo era fuerza sin cabeza, y dejaba arrastrase por los caprichos de Alma. Cuando su dictador interno, le empujaba a hacer cosas que no necesitaba, pero que ella requería en su búsqueda del bienestar, Cuerpo se bañaba en los campos del desenfreno donde manos y besos de otras personas le tocaban sin atender a su "compañera de piso", y las drogas le provocaban la perdida del equilibrio desfigurando su presencia y razón de ser: la estabilidad que alma necesita para ser parte de este mundo. Alma se desesperaba entonces: necesitaba de ese cuerpo para vivir, pero con él no lograba la felicidad ni sensaciones que deseaba!!. Ella que era motivadora de tales experiencias no las disfrutaba!!, sino que tenía que mirar como su "serpa" sufría y saboreaba aquellas situaciones, que quedaban a nivel corpóreo, y él mismo no quería para sí!!. Entonces llegaban a una discusión, una pidiendo su parte del pastel, y el otro pidiendo un descanso de tal bamboleo al que se veía empujado semana tras semana.

Y así, en medio de sus disputas me encontraba yo, confuso y apático en frente del espejo.

Mirando mi reflejo, me pregunté por qué no echar una mano y conciliar mis dos vertientes. Por qué no lograr una sonrisa de ambos y que se unieran en el brillo de mis ojos. Comencé con Cuerpo, y de tal manera, logré sonreír al espejo, lo que me causó gracia, y con ello dí un respingo de alegría a Alma. El segundo paso fue hablar, de nuevo a mi reflejo, y sentí asombro, al quedarme sin palabras: no sabía que decirme a pesar de los pensamientos que siempre corren por mi cabeza! Quise preguntar "¿Qué te pasa?" "¿qué tienes que decirme?", pero no pude... Lo volví  intentar, y de nuevo risas. Era tan graciosa mi cara cuando esperaba paciente oír las palabras que yo mismo tenía que decir!! ... Logré hacer las paces entre ellos, pero lo mejor no fue eso, sino el descubrimiento de que hablar al exterior siempre resulta más fácil que hacerlo en el sentido opuesto. Pensándolo bien, hasta se vuelve paradójico... una paradoja que se vuelve útil cuando se trata de nosotros.

Y vosotros? Sois capaces de escuchar lo que os tenéis que decir? coged un espejo y probadlo!:)