martes, 24 de enero de 2012

Granada me devolvió a mi amigo

Tras 4 días en Granada con mi amigo, no solo percibí ese aroma árabe que deja la ciudad a todos sus visitantes, ya sean extranjeros o españoles, sino que también me vine a Madrid con la seguridad de tener a alguien a mi lado. Y esa sensación, no tiene precio.

Los dos somos parecidos y al mismo tiempo distintos:

Los dos somos malos invitados para una comida, él debido a su adicción cárnica y poca curiosidad por todo lo que vaya más allá, y yo por culpa de mi decisión vegetariana.

Los dos nos enrollamos cuando hablamos de nuestros estudios, siendo Steve Jobs su ídolo y el mío Manuel E. Patarroyo.

Los dos disfrutamos de la música en su más amplio significado, sorprendiendo a todos cuando nos ven bailar desde ska hasta house.

Los dos compartimos ese aire revolucionario de querer cambiar las cosas, y sabemos como camuflar nuestras perspectivas, la suya más anárquica y la mía más moderada, de nuestra apariencia.

Los dos caminamos heridos, hablando de aquellas chicas que pasaron por nuestra vida sin dejar de irse.

Los dos miramos de la misma forma a las nuevas chicas que se pasean por nuestros ojos, aunque el diga que yo las miro con la mente sucia, y yo diga que él es más descarado.

Los dos somos unos místicos, aunque el misterio yo lo guardo en mis viajes, y él los guarda en su actitud. Y es que nos encantan los libros de Paulo Coelho.

Nos gusta la cerveza, y sabemos que a veces tomamos demasiadas...

Somos deportistas, pero retirados. Ambos añoramos aquella época de entrenamientos durante la semana que acababa en el partido de los domingos. Los gimnasios no terminan de adaptarse a nosotros.

Conocemos la teoría, pero la práctica se nos pone cuesta arriba a menudo.

Hacemos gala del humor siempre que salimos de fiesta, y la suerte nos acompaña haciendo que conozcamos personajes, cercanos a la ciencia ficción, cada noche en cada bar.

Al pasear, es fácil ver que nos complementamos bien, y al pedir una foto, la gente confunde nuestra relación de amistad por una amorosa, logrando en nosotros unos disimulos "machotes" tras la foto y risas al doblar la esquina.

Y así vamos. Tras 6 años de amistad, y siendo conscientes que algunas cosas han cambiado pero nuestra amistad no. Y espero que la cosa dure... que dure muchos años más, porque con él, mi vida es más agradable de recorrer.

Un abrazo para ti, de los más real, y descrito con palabras. Tuve que pasar un año y medio fuera de España, y que al volver tu te hubieras ido a Granada, para darme cuenta lo importante que sois personas como tú en mi vida :)


sábado, 14 de enero de 2012

Una pausa entre nosotros

Esta vez me separaré de vosotras. Ya no quiero sentir vuestro calor ni oír vuestras palabras... necesito un respiro.

Ya no puedo continuar con este vaivén en la cabeza, de cuerpos practicando sexo para luego olvidarse en una espiral de más cuerpos, sin nada que los distinga. Sin que ninguno de ellos signifique nada en especial.

No quiero más frases sin sentido, ni gestos de cariño que duermen en la falsedad, y llevan la hipocresía como vestido.

He sufrido el miedo a que las cosas no funcionen, a que me dañen de nuevo y a que pasé el tiempo matando la chispa de mis pasiones. Y no me siento bien. Ni antes de ayer, ni ayer, ni hoy, me siento bien...

Y aunque una posible solución sería encontrar esa persona que se detenga en mí y me abrace tan fuerte que pueda sentir, su apoyo incondicional, y su fidelidad a mi persona, soy realista y sé que no sabré reconocer ese momento, porque el miedo y la desconfianza hacia vosotras siguen en mí.

Cada vez que lo intenté, algo falló. Y el recuerdo de esos fallos se me amontonan en la cabeza, cayendo sobre mis pensamientos cada vez que quiero volver a intentarlo... y pierdo la batalla. Os pierdo a vosotras. Y vago por la tristeza del desamor como un perro vagabundo mirando a los transeúntes con dolor.

Necesito una pausa... un respiro... una reflexión que me saqué del delirio de encontrar a mi alma gemela...... vosotras no tenéis la culpa de mi pena, fui yo, quien de tanto usar el amor, acabé por romperlo... en mil pedazos que ahora quedan incrustados en mi alma.

Voy a darme un tiempo y un espacio, voy a relajarme y a dejar de depositar expectativas en vosotras...

Un beso a todas ellas, que me obligan a no quedarme parado, a madurar y a ser capaz de vencer mis complejos reconociendo mis limitaciones. Os quiero.

lunes, 9 de enero de 2012

Manual del problemático

Los problemas son algo inherentes a las relaciones humanas. Las confusiones, los malentendidos, las tensiones, las discusiones, etc. Lo que diferencia unas relaciones de otras, son las personas y su modo de llevar el problema una vez que se presenta. Esa conducta a posteriori provoca o un bienestar final que fortalece mis relaciones con las personas, o un daño unas veces irreversible y otras agudo y persistente. Mi actitud frente a ellos es variable como variables han sido las personas que he conocido:

En ocasiones, dejo correr el tiempo, pensando que el problema se dejará llevar por la misma corriente. Digamos que ni me planteo plantear el problema. Hago como que no existe... y así claro, no deja de "irse". No me daña esta actitud, si el problema no es importante, o si solo tomase esta decisión con este problema en concreto... pero la cosa se complica, como normalmente ocurre, si el problema es grave (se acaba transformando en un trauma, que limita mi relación) o si tomo esa actitud como norma con cada problema que aparece en el camino (la "botella" se va hinchando, y acaba por explotar... desafortunadamente, suele ocurrir en presencia de civiles ajenos a mi guerra interna). 

Otras veces, opto por la conducta cansina de la exageración: creo una montaña partiendo de un grano de arena. Es decir, de una tontería que me dijeron y no entendí bien, busco explicaciones complicadas que acaban concluyendo en que aquello es un ataque personal o un problema de base en mi relación con la otra persona. A veces incluso llego al punto de pensar que es un problema de base con ciertos tipos de personas, logrando crear en mí un determinado prejuicio que me conduce a la apatía o furia con esas personas en las que reconozco o escucho esa tontería, esa montaña de pedruscos que creé para mí. El daño en este caso pasa a ser una sorprendente inestabilidad de mis relaciones, un carácter gruñón e impaciente, y una cara que se transforma en la de un perro guardián siempre a la defensiva.

Puedo también ser un orgulloso, de los que reconoce el problema, quiere hablar de ello para encontrar solución, pero no piensa ser el primero en llamar al otro/a, o aceptarse como parte del problema: decido esperar a que tú me llames, y tú pidas perdón o reconozcas que el malentendido fue tuyo. Mi actitud fue la justa y lógica, y sino entiendes eso, es porque aún no lo ves claro o peor aún, no quieres verlo claro. Mi modo de hablar se convierte en un cuchillo que no permite conversar, y solo consigue atacarte para ver como te enfundas la armadura que provoca mi ira, o finalmente te agujerea el alma haciendo sangrar no solo la tuya sino también la mía.

He llegado a puntos en los que intercalo esas actitudes en el tiempo con un mismo problema, provocando el desconcierto de los demás e incluso el de mí mismo: hago que no existe ningún problema entre nosotros, luego me siento super mal y triste porque veo que es más grave de lo que en un principio pensé, y finalmente no acepto una vuelta atrás sino es con tu arrepentimiento claro, y si puede ser, público.

La mejor actitud frente a los problemas imagino que está, como Sócrates dijo, en el equilibrio. Creo que sí, que debo relajarme frente a problemas que no tienen importancia o en los que no puedo hacer nada por cambiarlos porque no están en mi mano, debo dejarlos pasar y aceptarlos como parte de la vida y relación con esa persona/as. Creo que también debo ser más insistente conmigo mismo y con aquellos que me rodean, cuando el problema me afecta profundamente y me causa daño, buscando explicaciones y consejos en mí y en los demás para saber como sobrellevarlos. Y por supuesto, debo concienciarme que cuando dos personas deciden hablar para solucionar un problema, la conversación debe ser tranquila e ir en busca de las cosas en común que tenemos, y no de las pequeñas diferencias que nos separan. Que en caso de ser grandes esas diferencias, se pueden hablar sin atacar, con la simple intención de dejar claro aquello que me molesta, no con la intención de provocar el daño que sufrí a la persona de enfrente: eso nunca me sirve de nada.

Un abrazo a mis padres, a mis amigos y a aquellas otras personas que tienen que aguantarme durante nuestros ocasionales contratiempos... a fin de cuentas, sabéis que os quiero mucho :)

viernes, 30 de diciembre de 2011

Mi deseo para el 2012: vivir humanamente


Más de un mes sin actualizar el blog, y vuelvo... vuelvo a escribir en él tras un viaje de 18 días por el Amazonas y Salvador de Bahía... Tras una despedida triste del país donde viví durante 5 meses y medio, dejándome enamorado y herido, valga la redundancia... Tras una semana en mi querida Madrid.

Vuelvo, cogiendo un avión que demoró 30 horas hasta pisar Barajas, sirviéndome todo ese tiempo para pensar en la alegría que experimentaría al ver a todos mis amigos y a mi familia. Aquellas personas, de las que sufrí una tremenda nostalgia durante mi estancia en el extranjero... Vuelvo y sí, me encuentro la felicidad del reencuentro, los abrazos y los besos, pero no todo queda ahí.

Encuentro una sociedad consumida por el consumo, adicta al wassup, que abusa del alcohol, preocupada al extremo por la ropa que vestirá en cada fiesta, creando discusiones y riñas en noches que debieran ser valoradas por la sola presencia de cada uno de nosotros... Me desilusionó, y soy empujado a entrar en esa espiral vertiginosa de infelicidad y ansia...

Hoy tomé un respiro, como aquel que tomaba días atrás en la canoa, remando tranquilamente de una orilla a otra para ver a los animales desperezarse durante el amanecer... Pensé, como hemos podido llegar hasta aquí. Como el ser humano no solo ha sido capaz de modificar tanto el ambiente físico donde vive, sino también los valores de nuestra vida.

Me pregunto como hemos sido capaces de centrar nuestra mirada en aparatos de "última generación" sin escuchar al amigo que nos habla. Como hemos sido capaces de gastar más de 50€ en una camiseta, pero no de dar 3 € al mendigo de la puerta. Como hemos sido capaces de mantener nuestro orgullo fuerte frente al familiar con el que se tuvo una discusión sin importancia, y no de darle ese abrazo cariñoso mostrando que lo que de verdad importa es el amor que nos damos.

Yo ya aprendí la suerte que tenemos al estar donde estamos, y lo importante que es el valor humano. Que los regalos más bonitos son los que salen del corazón y el dinero no puede comprar. Espero no olvidar mi lección, y valorar siempre lo que somos, así como la importancia de darnos valor no perdiéndolo en cosas sin importancia. Porque al igual que el ave es "más" ave cuando la vemos volar, el ser humano es humano cuando se comporta como tal, preocupándonos por nuestra humanidad.

Ps. Normalmente siempre coloco fotos sacadas de google, pero para esta ocasión mostraré algunas de las fotos más importantes durante mi vida en Brasil, entre las que se encuentran imágenes de mi experiencia en las favelas y los viajes que realicé por ese país maravilloso e injusto al mismo tiempo.
 
 




martes, 15 de noviembre de 2011

La lección de la favela


Una vez más, he pasado un fin de semana trabajando para la ONG "Un techo para mi país" en una de las favelas de Sao Paulo. La primera construcción fue en Octubre, y esta última de Noviembre es mi despedida tanto de la ONG como de mis experiencias en el lado oscuro de Brasil, ya que en Diciembre me toca volver a España y no estaré para la próxima construcción concertada.

En las favelas ves cosas que no se van de tu cabeza. Las condiciones de vida de las personas, son indignas se mire donde se mire: gente sin trabajo durante meses o años, precaria educación y sanidad (cuando las hay), niños por todas partes manchados de barro, casas compuestas de laminas de cartón y maderilla, suelo de tierra que al llover se inunda y resbala, perros vagabundos que mueren en la calle, agua viajando por tuberías de plástico en el sucio suelo... Para coger ese agua, tenías que acercarte a uno de las tuberías y separar su unión con el siguiente tubo, aunque mucha gente también coloca palanganas cuando se avecinaba lluvia y conseguir algo de "autonomía"; la electricidad es "tomada" del tendido eléctrico de la ciudad, y va por cables apoyados en tejados o palos clavados en el suelo (tienes que tener cuidado de no dejarte la cabeza en uno de ellos mientras caminas por los espacios que hay entre las chabolas). Creedme, hay que estar allí en persona para realmente asimilar lo que os describo...

Por mi parte, allí he pasado las peores noches de mi vida: había una plaga de mosquitos en la escuela donde teníamos que dormir los voluntarios, y con sus zumbidos y picaduras, además de tener que dormir en el suelo echado en unas mantas usando una sudadera como almohada, solo conseguí dormir unas 4 horas en los 3 días. El resto del tiempo me quedaba en una especie de duermevela, que al final hace que te levantes igual de cansado que al acostarte. La comida, fue arroz con pasta para comer, y arroz con pasta para cenar. El desayuno, pan con mantequilla y café con leche. No había opción de ducharse, no había suficiente agua.

Viendo la situación de las personas en la favela, no paraba de preguntarme cual hubiese sido mi vida de nacer y crecer en esas condiciones. Si podría ser capaz de vivir allí, e incluso, de sobrevivir.

En la favela, si quieres salir de ella, no vale de nada lamentarse, porque no te van a escuchar. No vale de nada desesperarse, porque con ella solo puedes herirte más. Y no vale de nada culpar al prójimo de tu situación, porque a él tampoco le gusta aquello. Muchas de las personas que vi allí, nunca salierón/saldrán de ellas, porque les ocurre todo esto. Y si permites que esas cosas pasen, tu energía es robada por la apatía, tus ojos se despiden de la altura en la que reposan, y pierdes la senda de tu vida: quedan deprimidas, enfadadas, frustradas... desesperanzadas.

Quizás ellas tengan excusa debido a sus condiciones de vida, no sé. Pero y nosotros? Yo por lo menos no. No tendré excusa si caigo. O si busco en lamentos del pasado, la fuerza que me empuje en el presente. Porque cuando la vida pasa por un período de cuestas, para dejar atrás su dureza, solo puedes clavar tus pies y tus manos en el camino, y tirar de ti mismo con fuerza.

Cada mañana nos levantaban a las 5 h, para empezar a trabajar a las 7h, con decenas de picaduras de mosquito y horas faltas de sueño. Me quedaba mirando el cielo amaneciendo, y empezaba a concienciarme para el trabajo: pensaba cuáles eran los materiales que ese día iba a usar, que pasos había que seguir, como mejorar los soportes de la casa... por qué estaba allí, si la gratitud de las personas a las que construía merecía de mi esfuerzo... y poco a poco la energía llegaba de nuevo. Esa fuerza brotaba de mí, de dentro. Ella, es decir Yo, me llevo a levantar una casa en tres días, y más tarde a contagiar mi esperanza a la familia beneficiada de la casa.

No me volví a casa con un sentimiento de culpabilidad como muchos me dijeron el jueves quería limpiar con esta acción de solidaridad, ni tampoco con la impotencia de no poder cambiar las condiciones de vida de todas las familias residentes de la favela, sino que al contrario, me vine sabiendo que soy capaz de hacer muchas cosas positivas, que aún estoy por descubrir. Todo es cuestión de seguir caminando cueste lo que cueste.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Lluvia trópical se viste de resaca


Noche de jueves que acaba en borrachera y vuelta a casa de la mano de mí mismo. Ya no te encuentro ni me dejo verte, porque solo conseguía que las penas me impidiesen seguir por mi camino.

Me cargo de nostalgias y ando con el paso de un mendigo ambulante. Las calles de Sao Paulo me dicen "¿dónde vas?" y yo respondo con el dedo señalando al cielo. Las nubes sopesan dejar caer su lluvia sobre mí, y yo les pido que esperen a mi llave, llegar a su cerradura. Ya es suficiente acompañarse de un alma errante y de unos labios fríos de soledad.

La mañana me grita desde lejos para empezar una nueva jornada, le digo que se marche, la resaca me dio el día libre. Levanto con el cuerpo roto y la mente sucia. Mi cuarto aparece tras una semana de desorden y con el calor previo a la tempestad...vuelvo la cara hacia la almohada empapado de vergüenza.

Miro facebook, tuenti, twiter, hotmail, gmail... y nada me desquita de este tedio. Preparo mi mochila para el trabajo que voy a llevar cabo durante el fin de semana. Recuerdo entonces que no tengo saco de dormir, así que me tocará echarme sobre unas toallas y unas mantas que encontré en el armario. Estilo masai, pienso. Vienen después, las críticas recibidas ayer por aquellos que suponen mi trabajo en la favela inservible, y en ese momento... suena el trueno de las nubes, y mi habitación queda a oscuras a las 3 de la tarde. Solo iluminada por la retina que vigilan estas palabras.

Mi corazón pide un abrazo, y yo le digo que aguante un poco más. Una vez más. Mi orgullo me reprocha haber caído de nuevo en la tristeza, y yo le pido una tregua. Un descanso en la dieta de la cara feliz y la espalda recta. Menguada. Quedo menguada mi luna llena de este día mágico, 11-11-2011, del que ya avisaron bajaría la energía que a todos mueve... Aquí esa energía es barrida por una lluvia tropical que ya me habla de futuras despedidas y lagrimas en los ojos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Iguaçu


Durante mi viaje, vi aguas bandidas llevarse de nuestro planeta las tierras en las que lloramos nuestras penas. Conocí ancianos que cruzaban fronteras sin una pizca miedo, con la mochila cargada de juventud y ganas por vivir. Me topé con aires de calidez casi desconocida, mojadas de recuerdos.

Caminando por la selva de Iguazú, escuché la vida, el respiro de mi aura cegada por los pensamientos volubles. Entonces, deje de pensar, deje de hablar... caminé sin prisas, sin nada que me distanciara de mis pasos. Fui uno con lo que me rodeaba, y el Sol se apago permitiendo ver las estrellas de mi senda.

Como en un cuento, mi viaje se lleno de aventuras y personajes diariamente, para despedir la jornada con una pausa al atardecer, que aprovechaba mi cuerpo como encuentro entre la Vida y mi alma.

Como el Ché, me di cuenta que mis viajes por esta américa con mayúsculas, me cambia más de lo que esperaba. Que ya no soy yo, o por lo menos no el mismo. Que el destino avanza con la calma de las aguas y su poder de vida, cuando se abren las puertas de la libertad, y se cierra la ventana del miedo.